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EDICIÓN | Agosto 2016

The Secret Race

Por Maximiliano Mills / www.maxmills.com
The Secret Race

¿Cuántos verdaderos hitos deportivos mundiales tenemos en la historia de Chile? Mientras comienzo a escribir esta columna estoy a solo horas de que se conmemoren los cincuenta años del más olvidado hito deportivo global en la historia de Chile: el único campeonato mundial de esquí realizado en el hemisferio sur, en Portillo, a partir del 4 de agosto de 1966.

Nunca antes y nunca después se ha efectuado otro en esta parte del mundo. Su gestación y realización pertenecen a la visión del norteamericano más achilenado que existe en nuestro país, Henry Purcell. Llegó en 1961 a hacerse cargo del hotel debido al ofrecimiento de su tío Robert Purcell (quién había adquirido el centro de esquí a CORFO junto a unos socios), y visualizó, al poco tiempo, que la mejor manera de dar a conocer, a nivel planetario, la existencia de Portillo y la maravillosa nieve de sus montañas, sería como anfitriones de un campeonato mundial de esquí. Como el gran emprendedor que es, encontró la forma de que todos los gastos de producción pudieran ser asumidos por “Hotelera Portillo S.A.”. Como si esto ya no fuera una pesada carga logística, en 1965 una avalancha destruyó el andarivel principal. Todos pensaron que Portillo no alcanzaría a comprar uno nuevo, traerlo hasta Chile e instalarlo a tiempo para el campeonato. Nada de eso. Henry Purcell comprometió su palabra ante la Federación Internacional de Esquí de que todo estaría listo sin contratiempos para el año siguiente.

The Secret Race es la película oficial que registra este campeonato y toma su nombre del aislamiento en que se encontraba Portillo. Tal como se menciona: “un campeonato así en otro lugar atraería decenas de miles de espectadores. Aquí solo unos pocos privilegiados serán los testigos”. Te conmueve hoy ver las escenas del día de la inauguración, con la banda de la Escuela Militar interpretando la marcha El tronar de cañones y viendo fotos del Presidente Eduardo Frei Montalva dando el discurso de bienvenida a las delegaciones de veintiún países que agrupaban a 163 esquiadores. La película fue producida, filmada y narrada por el esquiador/cineasta Dick Barrymore (uno de los creadores del “cine de acción de montaña”, quien filmó más de veintitrés películas), contando además con la colaboración de otros esquiadores camarógrafos como Pepi Stiegler, Jacques Lasage, Bill Amberg y Roger Brown (todos utilizando cámaras de cine de 16 milímetros).

Comienza con una presentación que muestra un Boeing 707 aterrizando en el desaparecido aeropuerto de Los Cerrillos, con una canción de Los Huasos Quincheros de fondo. Pero toda la música con la banda sonora compuesta para la película –pensando en usarse en las escenas de las carreras a máxima velocidad– tiene mucha similitud con la música compuesta para películas de James Bond. La fusión de los esquiadores descendiendo contra reloj montaña abajo combinado con el sonido de suspenso otorgado por los chelos, timbales y violines logra un maridaje que solo bombea adrenalina.

Si bien Portillo organizó todo, la película muestra algunos detalles que nos marcan como país acostumbrado a realizar cosas a pulso: cuadrillas de militares con esquís aplanando las canchas durante la tarde en que nevó. El helicóptero Lama de la Fuerza Aérea que rescató a un esquiador accidentado cuando participó en el “Kilómetro Lanzado”. Y el inolvidable cartel amarillo donde estaban los resultados que cronometraban a los competidores, con la frase “Gentileza de Milo y Maggi”… ¡g-e-n-t-i-l-e-z-a! Este campeonato mundial siempre es recordado por haber coronado campeón al ahora legendario esquiador francés Jean-Claude Killy.

Organizar hoy este campeonato mundial de esquí sería una ecuación para el colapso de tu sistema nervioso. Le consulté una vez a don Henry Purcell si tenía un plan alternativo en caso de que hubiera nevado sin parar más de una semana (en esa época no habían lanzado aún los satélites meteorológicos) y me respondió: “No. Solo sentarse a esperar que el temporal pasara pronto hacia Argentina”. Esta película es una inyección directa hacia la mejor nostalgia de los años sesenta en cuanto a música, vestimenta y camaradería. Pero llama la atención que no aparezca ni se divise a don Henry en The Secret Race. Cuando le pregunté por qué me respondió… “yo no estaba de ‘autoridad’. Yo estaba trabajando para que todo resultara bien”.

 

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