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EDICIÓN | Julio 2016

Quantum of Solace

Quantum of Solace

Cuando supe que la productora EON que había concebido más de veinte películas de James Bond escogió el norte de Chile para filmar una parte importante de Quantum of Solace, no pude estar más de acuerdo con la decisión. Ya imaginaba a Bond cruzando el desierto manejando un Aston-Martin a máxima velocidad o en una máquina voladora especialmente diseñada para la historia.

Quantum of Solace (2008) es la película número veintidós surgida de los libros de Ian Fleming, escritor Inglés y exoficial de inteligencia naval conocido por su personaje James Bond en novelas de espionaje. Su experiencia durante la guerra y su carrera periodística le entregaron el desarrollo, la idea y los detalles para construir este personaje; un oficial del servicio de inteligencia secreto (MI6) y conocido también como “007”, su número de código secreto del servicio (el “00” indicaba que tenía licencia para matar al enemigo creado por la guerra fría). Esta es la secuela continuadora de Casino Royale (2006). Dirigida por Marc Forster, tiene la segunda interpretación de Daniel Craig como el espía británico. Como “chica Bond” actúa Olga Kurylenko, y el habitual malvado que pretende tomar control del mundo es Mathieu Amalric. La historia —de una simpleza creativa esperable de un niño de colegio básico— trata sobre el adinerado miembro de la organización Quantum, quien tiene la intención de dar un golpe de Estado en Bolivia para tomar el control de las fuentes de agua en ese país.

Con la alegría propia de un cinéfilo al enterarse que una de las más extraordinarias compañías productoras de películas filmaría en Chile, mis expectativas de inmediato fueron muy altas… ¿una de James Bond ambientada en el desierto de Atacama? ¡El resultado será de antología! Nada de eso. Ya antes de los quince minutos de exhibición aparecieron indicios de que la historia se perfilaba débil (confirmando que la desabrida acompañante de Bond estaba ahí por ser la novia del director), y que debido a la eterna huelga de guionistas, algunos pasajes debieron ser terminados por Daniel Craig y Marc Forster. Toda la preproducción se combinaba para crear un fiasco. Y así fue. Además, es la más violenta de todas las películas de James Bond filmadas, lo que transformó a Craig en un muñeco inexpresivo y taimado que se conecta más al comportamiento del exterminador invencible de Schwarzenegger, que al de un ser humano que debería haber terminado en el hospital antes de la primera media hora de peleas con códigos de pandillero.

A la salida del cine, regresan las inquietantes preguntas que uno nunca espera plantearse: ¿para qué se filmó esta decepción? ¿Y para esto se gastaron casi doscientos millones de dólares? ¿Tan caro es arrendar un DC-3? Como paradoja, es la tercera película más vista de la saga, que recaudó Usd$587 millones… o sea, los elementos tradicionales de una nueva historia de 007 han sido ya tan re-quete-contra vistos que hasta el seguidor más entendido solo se conforma con volver a ver la misma combinación de ingredientes, entregado a su continuidad y con nula capacidad de crítica.

Daniel Craig es un actor honesto, dedicado e inmerso en el personaje, pero esto no es suficiente para hacer olvidar a Sean Connery junto a historias mucho más entretenidas que incluían lo más atrayente del mundo bondiano: los nuevos juguetes tecnológicos desarrollados especialmente por “Q” para 007. Un momento ¿No está incluido “Q” entre los personajes? ¡En que estaban pensando los productores! ¿Y lo más positivo de Quantum of Solace? ¡Que al final Chile no aparece por ninguna parte mencionado ni mostrado en esta decepcionante película! El desierto de Atacama se mantuvo anónimo y solo se utilizó para… ¡ambientarlo como Bolivia! Se agradece la deferencia señor director, productores y guionistas.

 

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