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EDICIÓN | Junio 2016

The Blizzard of Aahhh’s

Por Maximiliano Mills / www.maxmills.com
The Blizzard of Aahhh’s

En mayo de 1994, a los pocos meses de haber traído a Chile la licencia de Rip Curl, recibo un fax de Doug “Claw” Warbrick (dueño y director de la división de montaña), anunciándome que habían escogido a Chile para hacer las fotos de las tenidas de esquí y snowboard para el catálogo internacional 1995. Me cuenta que encabezando el equipo de esquiadores y snowboardistas estará Glen Plake, el mejor esquiador extremo del mundo.

Lo que para cualquiera sonaba como el trabajo más interesante del mundo, para mí era el equivalente a recibir una maldición: yo sufría de puna o “mal de altura”. Pero al ser el único dentro de la empresa que hablaba inglés acepté sin reclamos. Por lo lejano que veía en esos años al mundo del esquí debido al apunamiento, mandé a pedir los CV de los deportistas que enviaría Rip Curl. Captó mi atención las tres películas de esquí extremo que ya había protagonizado Glen. Esa tarde llamé a Doug —haciendo coincidir las doce horas adelantadas de diferencia que había con Australia— para preguntarle otros detalles logísticos de la gira y mi recientemente adquirido trabajo de “Nanager”. ¿Por qué Glen Plake es el mejor esquiador extremo del mundo?, aproveché de preguntarle. Doug respondió de manera muy simple: “porque aún está vivo”.

The Blizzard of Aahhh’s es una película de esquí, lanzada en 1988, que sigue a los héroes conocidos y desconocidos del naciente mundo del esquí extremo, cuya alquimia reunió como protagonistas a personajes de gran presencia en cualquier montaña: Scot Schmidt, especialista en saltar cornisas; Glen Plake, esquiador extremo autoexiliado en Europa, y Mike Hattrup, esquiador competitivo del equipo norteamericano de Mogul. Sus imágenes fueron de una innovación sobrecogedora para la época (icónica es la foto de Stump colgando de un acantilado, cámara en mano y amarrado con cuerdas), mostrando escenas de esquí jamás antes filmadas y desde lugares que en esos tiempos se veían lejanos para un esquiador citadino, como Chamonix, en Francia, o Squaw Valley, en California. Usando los mejores equipos, Greg Stump capturó vívidas imágenes que supo amalgamar dentro de una edición vertiginosa y con una pulsación narrativa que acelera el corazón con cada salto o descenso.

The Blizzard of Aahhh’s es, fue y será (más allá de la típica película para que los esquiadores echen baba frente al televisor de un bar después de un día bien esquiado), la historia de libertad y rebeldía de audaces esquiadores que innovaron la escena técnica mundial. Ellos deseaban redefinir la maravillosa sensación de esquiar fuera de pista, pero estaban atrapados dentro de un sistema jurídico opresivo e injusto: este había condicionado a los centros de esquí en Estados Unidos —bajo decenas de juicios y demandas por accidentes— a mantener a los esquiadores confinados dentro de las pistas. Schmidt, Plake y Hattrup encontraron en Europa la amplitud de poder decidir qué cara de la montaña bajar e, incluso, el éxtasis de matarse en el intento buscando nuevas rutas sin que nadie más resultara condenado por un juez. Allá tú, como responsable de tu existencia.

Haber viajado entre Portillo y Chillán con los esquiadores extremos Glen Plake y Brad Holmes, haciendo las fotos para el catálogo ‘95 y filmando escenas de su siguiente película Natural Born Skiers fue la inmersión soñada y directa dentro del mundo “extremo”: alentado por ellos me volví a subir a un par de esquís de los cuales nunca me he separado… estos tipos no solamente saltan cornisas imposibles; TODO lo viven de manera extrema. ¡Hasta Glen probando un ají entero de una masticada!

En otro invierno me encontré con Greg Stump en Chillán. Le agradecí por la inspiradora magnificencia que es la apertura de Blizzard… y la canción Absolutely Immune. Con estas imágenes definió los límites de esta naciente disciplina llamada esquí extremo. No pude dejar de preguntarle cuál había sido la mayor alegría al filmar esa película. “Desde su estreno, en 1988, no ha pasado una semana sin que alguien me reconozca en la calle y me diga “¡haber visto The Blizzard of Aahhh´s me cambió la vida!”.

 

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