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EDICIÓN | Marzo 2016

El renacido

Por Maximiliano Mills / www.maxmills.com
El renacido

Admito que de no haber sabido que El renacido está basada en la historia real del trampero dedicado a la peletería y explorador del siglo XIX, Hugh Glass, lo más probable es que habría esperado su estreno en la Tv cable. Y aun así, admito que después de haberla visto es difícil creer que la epopeya que vivió Glass y su odisea por sobrevivir frente a toda adversidad ¡hayan de verdad ocurrido!

En mis vacaciones del verano de 1979, Jorge Freygan, amigo de mis padres en Punta Arenas y piloto-dueño de TAMA (Transporte Aéreo de Magallanes), me invitó a visitar Ushuaia y Puerto Williams, además de sobrevolar las tres famosas islas de Picton, Lenox y Nueva (las mismas islitas por las cuales estuvimos a punto de ir a la guerra con Argentina en 1978). Regresé a Ushuaia el año 2004, encomendado por la Skiclinic a verificar el potencial de su centro de esquí, el cual aprobé, ya que no solo sus montañas son atractivas, sino todo su entorno para esquiar fuera de pista; con bosques conmovedores, paisajes con esa extraña luminosidad del fin de mundo y unos ríos cuyo caudal se acelera por la cercanía del mar.

Cuando el director/coproductor Alejandro G. Iñárritu se dio cuenta, en mayo de 2015, que en Canadá se estaba quedando sin la nieve suficiente para terminar de filmar El renacido, envió con máxima premura equipos de búsqueda de exteriores similares al entorno donde ya tenía filmado más del ochenta por ciento de la película. Los emisarios visitaron Nueva Zelanda, Chile y Argentina, decidiéndose por ir a filmar a Ushuaia. Aquí encontró todas sus necesidades logísticas cubiertas: tranquilidad para trabajar, privacidad para sus actores, el rio Olivia emparentado con sus similares del hemisferio norte, abastecimiento de comidas con excelentes chefs, un aeropuerto internacional a solo veinticinco minutos y una locación para el gran final que se amalgamara frente al ojo no entrenado. De no haberse topado con la suficiente nieve de Ushuaia se habría desatado, quizás, el mayor descalabro de producción fílmica del naciente siglo XXI. Actores como Leonardo DiCaprio, Tom Hardy y Domhnall Gleeson no se encuentran sin nada que hacer todas las semanas.

Admito que de no haber sabido que El renacido está basada en la historia real del trampero dedicado a la peletería y explorador del siglo XIX, Hugh Glass (1780-1833), lo más probable es que habría esperado su estreno en la Tv cable. Y aún así, admito que después de haberla visto es difícil creer que la epopeya que vivió Glass y su odisea por sobrevivir frente a toda adversidad ¡hayan de verdad ocurrido! (este dato además ayuda a tomarse la historia muy en serio). La escena de apertura es magistral y será estudiada en las escuelas de cine: entorno lúgubre, adverso y frío… una sola toma usando cámara en mano… actores, dobles y extras coreografiados y dirigidos con maestría… te hace agradecer el que vivamos en una época donde no hay que matar lo que vamos a comer.

Esta película es una nueva versión de la ya filmada en 1971 por Richard C. Sarafian, El hombre de una tierra salvaje. Si bien hay una licencia con algún personaje respecto a la novela de Michael Punke, esto no incide para nada en la narración total de la odisea que vivió Glass. En realidad, si no fuera porque se debe explicar la profunda motivación de sobrevivencia del trampero, quizás solo DiCaprio en pantalla interpretando a este explorador que abrió rutas en la norte América profunda, hubieran sido argumentos con peso suficiente para darle a El renacido el Óscar a mejor director, mejor actor y mejor fotografía (filmaban durante tres horas al día solo utilizando luz natural).

La banda sonora compuesta por el legendario Ryuichi Sakamoto nos tiene inmersos en esos gélidos ríos, oprimidos por la desesperanza y respirando frío durante dos horas y media… ¿y qué se puede decir del oso que tanto ha dado que hablar? De verdad asusta, aunque no por la demoledora escena del ataque sino porque con él hemos cruzado hacia el siguiente umbral de realidad generada por una computadora. Yo tuve mis dudas sobre su origen. Me costó distinguirlo. Llegué a pensar que podía ser un oso verdadero con un entrenamiento de excepcional control, pero la violencia de esta escena resulta tan descarnada que solo es posible de realizar en la seguridad de la pantalla del ordenador.

Le pedí a mi editora que me dejara entregar esta columna fuera de plazo, para poder escribirla ya sabiendo quien recibió el Óscar a mejor actor. Me alegra que lo haya recibido Leonardo DiCaprio. Ha evolucionado y madurado hacia el actorazo que es hoy. Creo que deberían habérselo otorgado antes, cuando filmó El aviador. Quizás fue para mejor. Traspasó a la pantalla de El renacido mucha de su propia frustración acumulada con las cuatro nominaciones a mejor actor que fallaron… y la rabia honesta puede hacer que emerga un actor de carácter.

 

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