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EDICIÓN | Diciembre 2015

Everest

Por Maximiliano Mills / www.maxmills.com
Everest

El anuncio del estreno de Everest hizo que fuera de inmediato al cine, sobre todo al enterarme que su guión se relacionaba, en parte, con el clásico libro de John Krakauer Into the Thin Air. Dirigida por Baltasar Kormákur, tiene como protagonistas a Jake Gyllenhaal, Josh Brolin y Jason Clarke. Narra la tragedia ocurrida en el monte Everest el 10 de mayo de 1996, en la que ocho alpinistas murieron por la repentina llegada de una tormenta a la cima.

En esas frías mañanas invernales, cuando ha parado de llover y amanece despejado, desde mi ventana puedo ver la cumbre del monte Aconcagua… crecí escuchando las historias de andinismo de mi mamá y mi tío —miembros activos del desaparecido club Rangers de Valparaíso—, quienes participaron en varios ascensos a montañas de baja y mediana altura. Durante los veranos en Olmué era tradición subir dos o tres veces con tus amigos hasta la cumbre del cerro La Campana. Esta experiencia sumada a mis conocimientos de esquiador ha sido la base de mi formación como andinista. Me conecté con la visita de Edmund Hillary a Chile y siempre estuve informado de la historia de George Mallory, hasta que fue encontrado en 1999. Finalmente, la vida me dio la bendita oportunidad de conocer y entablar amistad con los primeros chilenos en hacer cumbre en el Everest, en 1992: Claudio Lucero y Rodrigo Jordán.

Por eso, el anuncio del estreno de Everest hizo que fuera de inmediato al cine, sobre todo al enterarme que su guión se relacionaba, en parte, con el clásico libro de John Krakauer Into the Thin Air. Dirigida por Baltasar Kormákur tiene como protagonistas a Jake Gyllenhaal, Josh Brolin y Jason Clarke. Narra la tragedia ocurrida en el monte Everest el 10 de mayo de 1996, en la que ocho alpinistas (integrantes de dos expediciones para personas casi sin experiencia previa) murieron por la repentina llegada de una tormenta a la cima. Hay variadas razones para agradecer la realización de esta película. Una muy importante es Kormákur, un cineasta islandés que sabe cómo filmar en las montañas donde el tiempo puede romper cualquier presupuesto y calendario de trabajo. Más trascendente aún, Kormákur no quiso que esta película abusara de los efectos especiales creados en pantalla verde —llegando incluso a filmar en el mismo Nepal— y sometió a los actores a condiciones de frío y viento bastante similares a lo ocurrido, usando como locación los Alpes de Ötztal en Italia. Y esto es palpable. Realmente te llega sin necesitar imaginarlo. Cada toma te envuelve con ese frío no apto para la sobrevivencia humana. Y todos los encuadres te hacen sentir el peligro, la desesperanza y la implacable altura cuando uno debe respirar sobre los ocho mil metros  sobre el nivel del mar. Más allá de la historia verdadera, las imágenes son de un realismo que te transporta. La poética escena aérea de la cumbre del Everest ya te paga el valor de la entrada. Pocas veces se ve tal armoniosa combinación de acción-pensando-envender- entradas y un drama épico de sobrevivencia.

La cinta describe al neozelandés Rob Hall y su empresa Adventure Consultants. Cuando ocurrió este desastre en el Escalón Hillary, Hall ya había realizado cinco cumbres y había puesto con éxito a treinta y ocho escaladores-clientes en la cima del Everest. Aunque su tarifa de 64.000 dólares era la más alta, su gran reputación basada en la seguridad y en la confiabilidad que casi garantizaba que te pondría en la cima del Everest, le habían otorgado un gran prestigio en el mundo del montañismo. Esta expedición tenía a ocho clientes, entre ellos, el cronista enviado en canje por la revista Outside, Jon Krakauer, quien escribiría un reportaje sobre el aumento y popularidad de los ascensos comerciales guiados hasta la cima del Everest. En ese día fatal, diferentes expediciones, con treinta y dos escaladores combinados, encontraron retrasos sorpresivos y a las dos de la tarde (la hora límite para poder descender con tiempo suficiente para llegar a salvo al Campamento IV antes del anochecer), algunos clientes de Hall aún no habían hecho cumbre.

El desenlace, a pesar de conocerlo, me hizo dejar el cine con variados cuestionamientos: ¿Es altruista el turismo de alta montaña a 8.000 metros? ¿Hay lugares que simplemente no deberíamos alcanzar?, ¿es justo someter a tu familia a la incertidumbre de la pérdida? Me recordó una conversación con Rodrigo Jordán, cuando le pregunté si era menospreciado por otros montañistas por haber llegado a la cima del Everest usando oxígeno de apoyo. Hasta el día de hoy me maravilla su respuesta: “yo utilicé oxígeno para llegar a la cumbre del Everest solo por una razón… tengo tres hijas”.

 

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