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EDICIÓN | Octubre 2015

Viejo Perro, pioneros por esencia

Por Maximiliano Mills / www.maxmills.com
Viejo Perro, pioneros por esencia

Entre la Navidad y Año Nuevo de 1985 comencé a ir casi todas las mañanas a Ritoque. Fascinado por mi reencuentro con el mar, ahora flotando sobre una tabla y forrado en piel de goma. Una de esas mañanas después de la sesión de olas, saliendo de su restorán, se me acerca en la playa Luis “Lucho” Tello. Me cuenta que observó mi entusiasmo por aprender, pero que me faltaba la parte técnica. Le pregunto de qué se trata, cuando en eso veo que “Lucho” se tira sobre la arena para mostrarme, en seco, lo que había que hacer para entrar, remar, pararse y bajar una ola…

Al otro día me dice que con mi pequeña tabla brasileña jamás lograría tomar una ola. Entonces, sin pedírselo, me presta su tablón modelo “Loncura” de dos metros para que lo use cada vez que vaya. La última mañana de ese año conseguí, por primera vez, remar, pararme y bajar una ola, corriéndola hasta la playa.

Hoy recuerdo esos días como una cadena de afortunados encuentros, pero lo que me impacta en retrospectiva, es cómo la desinteresada generosidad de un desconocido cambió el derrotero que ya tenía mi vida por inercia. En una de esas mañanas también apareció a correr olas en Ritoque Francisco “Calá” Vicuña. Tres semanas después, viajé a Pichilemu para participar en el Primer Campeonato Nacional de Surf organizado por Álvaro Abarca, donde Isaac “Icha” Tapia era el Comisario de Jueces. Por esos bendecidos designios donde a veces nos coloca la vida, en pocas semanas ya había conocido a los cuatro pioneros del surf en Chile, quienes llevados por una pasión-conexión-religión que le profesaban al mar desde niños, habían hecho del acto de deslizarse en las olas una cofradía dedicada a celebrar la vida. Y comenzando octubre de 1986, Alvaro me invita a un Surfari donde recorreríamos los 2.100 kilómetros de costa entre Ritoque, Iquique y Arica junto a “Calá” Vicuña e “Icha” Tapia, más la “patrulla juvenil” conformada por Jaime Rivera, Dieter Linneberg y yo. Fue un viaje iniciático hacia el surf, el cual me marcó y me nutrió con directrices y valores que cimentaron un espíritu de aventura que hasta ese momento ignoraba poseer.

Lo que jamás en ese entonces hubiera siquiera vislumbrado era cómo transcurriría el tiempo, cómo los cuatro pioneros se transformarían en mis amigos y cómo esa época hoy sería aquilatada y venerada por las nuevas generaciones de surfistas-GoPro. Por eso, cuando me contactó Rodrigo Farías para entrevistarme e incluirme en su película/documental Viejo Perro no dudé en colaborar para ayudarlo a recrear en el cine esa época tan esencial de “Calá”, “Icha”, Alvaro y “Lucho”. Rodrigo, después de una década viajando por Chile, filmando, investigando y recopilando entrevistas, fotografías y viejas películas en 8mm, acaba de estrenar en Santiago, el 1 de septiembre, esta magna obra sobre nuestra identidad oceánica, la que contará a las generaciones actuales y por venir cómo se gestó el nacimiento del aquaplanismo en Chile.

Rodrigo Farías se define como audiovisualista de surf. Es una persona realizada, que vibra con lo que hace y el proyecto Viejo Perro hubiera sido fácilmente abandonado por cualquier otro que no se hubiera apasionado con esta gema narrativa. Fue filmada con impecable cariño, con cercanía y luz natural (casi siempre en exteriores cercanos al mar) y con un extenuante trabajo de laboratorio digitalizando videos, fotografías y películas de 8 milímetros. Tiene un guión estructurado y tejido por más de quince entrevistas realizadas a todos los contemporáneos de los cuatro pioneros —surfistas y no surfistas; esposas, hijos, amigos y ex pololas—, quienes recrean vívidamente la gestación de la primera serie de tablas fabricadas por Claudio Castro en Aqua-Center de Quintero; la primera playa donde corrieron olas comenzando la década del setenta y cómo se organizó la primera exploración de la costa chilena en busca de nuevas olas, dejando la semilla del surf bien arraigada en Arica e Iquique. Emociona ver hablando en cámara a personajes casi mitológicos como Sergio Santa Cruz, Carlos Donaire y Manuel José Urrejola. La columna vertebral de esta cápsula de tiempo está cimentada en los relatos de dos de los cuatro pioneros que Rodrigo Farías alcanzó a entrevistar y que transformó en co-productores: “Icha” y Álvaro. Conmueve ver las últimas imágenes de “Icha” en el homenaje a “Calá” antes de su accidente y causará envidia sana en los contaminados surfistas de hoy la forma en que describe sus inicios deslizándose en una ola… “nosotros conocimos la esencia de algo”.

Viejo Perro dista de ser una película de surf. Nos muestra lo maravillosa que era la vida antes de estar hiperconectados por las redes sociales. Cómo la pasión reemplazaba los auspicios. Cómo la imaginación arreglaba las carencias. Cómo cuatro desconocidos se transformaron en hermanos de mar. Y sobre todas las cosas, muestra cómo se puede alcanzar el futuro del éxtasis estando inmerso en las pulsaciones del océano.

 

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