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EDICIÓN | Agosto 2015

Bernard and Doris

Por Maximiliano Mills / www.betweencliffsandairports.com
Bernard and Doris

Dicen que la actividad capaz de crear los lazos más fuertes, entre dos personas, es haber estado juntos en la guerra. Yo creo que bastante cercana debe estar la experiencia de haber compartido con alguien una inolvidable sesión montando grandes olas, en una isla remota y en un día donde la conjunción de los factores de la naturaleza que esculpen estos monumentos líquidos sea tan excepcional que se grabara eternamente en tu memoria.

No conocí a Doris Duke, pero hay algo que nos une, aunque no hayamos estado en el mismo lugar en el mismo momento: haber corrido olas en la maravillosa bahía de Makaha en Hawái. Cuando ella fijó su residencia en la isla de Oahu, Duke se sintió fascinada por el arte de correr olas, convirtiéndose en la primera mujer no hawaiana que participó en competencias de surf. Tuvo la fortuna de haber creado amistad con el campeón de surf Duke Kahanamoku, quien fue su mentor y guía en los campeonatos, y su compañero habitual en las sesiones de surf durante todas las temporadas que ella pasaba en el archipiélago. Fue la única hija del millonario del tabaco James Buchanan Duke, de quien heredó una fortuna estimada hoy en 1.3 billones de dólares, cuando su padre falleció en 1925. Esto le permitió llevar una vida dedicada a múltiples intereses, incluyendo la filantropía, periodismo, ecología, coleccionista de arte, horticultura, pianista de jazz y Hare-Krishna. Falleció a los ochenta años, en 1993.

Bernard and Doris es una película filmada el año 2006, dirigida por Bob Balaban e interpretada por Susan Sarandon (Doris Duke) y Ralph Fiennes (Bernard Lafferty). Logró su distribución global cuando fue estrenada, en febrero de 2008, por HBO. Como se advierte al comienzo, “algunos hechos narrados son ciertos. Otros no”, esta es una película biográfica semi ficticia de la simbiótica relación que desarrolló Duke con Lafferty —su último mayordomo—, desde que lo contrató, en 1987, hasta su muerte. Duke, la mujer más rica del mundo, es desconfiada y déspota con el personal de empleados séquito que la rodea en su mansión principal de New Jersey. Lafferty, poco a poco, va ganando su confianza, ya sea con su profesionalismo o con su distancia (si bien ambos personajes aparecen más jóvenes, hay que recordar que Duke contrató a Lafferty cuando ella tenía setenta y cuatro años). La cercanía queda sellada cuando Duke le enseña a cuidar de sus preciadas orquídeas y le pide a este que administre todas sus casas durante sus largos viajes por el mundo. Después decide llevarlo en estos recorridos como su asistente personal. Llega un momento en que Duke no entiende la devoción que le profesa Lafferty y lo confronta: “¿Qué quieres de mí? Solo quiero cuidarla, señorita Duke”. Lafferty, un huérfano irlandés radicado en Estados Unidos, más allá de cumplir con su trabajo, solo buscaba encontrar una familia.

Esta columna en revista Tell marca mi tercer aniversario como su colaborador de cine. Han sido treinta y siete películas comentadas y un privilegio compartir con un excepcional equipo periodístico. Elegí Bernard and Doris para celebrar esta fecha, simplemente, porque es una joya de película. La caracterización de Fiennes como mayordomo es de excepción. Si lo recordamos como el despiadado capitán Nazi a cargo de un campo de concentración, pasar a interpretar a un individuo servil y sumiso es una transformación notable. Además, es una película construida sobre dos personajes. Quizás la falta de presupuesto confinó la narración a interiores —dándole un leve toque claustrofóbico—, pero por esta razón adquiere su mayor fortaleza: es una placentera sensación visual cimentada en primeros planos. Y más importante aún, el guión desechó la moraleja más obvia: la de “pobre niña rica”. Duke nació en cuna de oro, pero tuvo dolorosos episodios en su vida; su padre murió a los trece años, se casó dos veces con hombres caza-fortunas y perdió una hija. Aun así, la película la muestra como una mujer que en su soledad trató de llevar una existencia lo más fructífera posible. Todos no nacemos en el mismo punto de partida ni poseemos la misma velocidad, pero todos llegamos a la misma meta. Cómo desarrollemos nuestra carrera es lo importante. Y como lo menciona Doris Duke en la película… “no has vivido realmente hasta que hayas surfeado las olas de Makaha”.

 

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