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EDICIÓN | Junio 2015

Ciudadano Kane

Por Maximiliano Mills / www.betweencliffsandairports.com
Ciudadano Kane

Esta es una obra monumental que merece volver a ser disfrutada, contemplada y apreciada al menos una vez cada tres años durante toda tu vida. Quizás todas las páginas escritas en la historia de revista Tell no alcanzarían para describirla, por lo que deseo que esta columna sea más una invitación a ver la película que un análisis mezquino e imposible de este pináculo en la historia del cine.

Cuando, en 1996, mi trabajo requirió que realizara un viaje al norte de Los Ángeles se gestó la ocasión para que concretara uno de los pináculos de mi vida cinéfila: visitar el “Castillo Hearst”. Diseñado por la arquitecta Julia Morgan, en una propiedad de 51 hectáreas, ubicadas en el condado de San Simeón , fue un encargo muy específico de William Randolph Hearst, el conocido dueño del mayor imperio periodístico norteamericano en esa época. El castillo fue terminado y entregado a este para habitarlo en 1919 y es de una magnificencia que impacta y sobrecoge, con hermosos jardines y varias piscinas –tanto interiores como exteriores– llegando a tener en su apogeo el zoológico privado más grande del mundo (incluyendo animales exóticos como cebras, anacondas y osos polares). Su estructura está compuesta por decenas de apoteósicos salones, incontables baños con decorados bizantinos, sala de cine y más de cincuenta habitaciones inspiradas en fábulas medioevales. Fue el refugio favorito de Hearst, donde aterrizaba en su avión personal después de supervisar sus periódicos, revistas y estaciones de radio esparcidas por Estados Unidos.

Ciudadano Kane, estrenada el 1 de mayo de 1941 en el RKO Palace de Nueva York, fue escrita, producida, dirigida y protagonizada por Orson Welles. Está catalogada como LA obra maestra del cine. Su innovadora estructura de narración, la banda sonora de Bernard Herrmann basada en el radioteatro, utilizando breves cortinas musicales para realzar una escena (no para protagonizarla), los ángulos de cámara a baja altura y, principalmente, su aspecto técnico más innovador los extensivos usos de la profundidad de campo que llegan a confundir al cerebro viendo todo nítidamente enfocado, han causado admiración y se han escrito innumerables ensayos y análisis sobre cómo fue la concepción de esta película en las pasadas siete décadas. Esta fue la ópera prima de un veinteañero Welles que, sin tenerlo como objetivo, remeció al cine para siempre. Consiguió nueve nominaciones al Óscar obteniendo solo uno, el de mejor guión original. Esta “derrota” es atribuida a las presiones de Hearst sobre la industria de Hollywood, quién consiguió armar un bloque dentro de la academia -formado por extras- quienes votaron en contra impidiendo que Welles consiguiera el Óscar al mejor actor y a mejor película. La mención de Citizen Kane enfurecía a Hearst en tal magnitud que prohibió cualquier comentario, publicidad o mención en sus diarios o radios. Dio instrucciones muy claras para que sus editores difamaran a Welles antes y después que se estrenara la película. Su nivel de aborrecimiento alcanzó niveles sicóticos, llegando a ofrecerle a los estudios RKO 805.000 dólares si destruían todas las copias existentes de la película quemando los negativos. Cuando RKO declinó la oferta de Hearst, este envió comunicados a las principales cadenas de cines para que Ciudadano Kane no fuera exhibida. Todos obedecieron por miedo a las represalias comerciales que pudieran sufrir. A lo que Welles respondió: “si debo estrenar mi película en una carpa de cine, ¡entonces así lo hare!”.

Esta es una obra monumental que merece volver a ser disfrutada, contemplada y apreciada al menos una vez cada tres años durante toda tu vida. Quizás todas las páginas escritas en la historia de revista Tell no alcanzarían para describirla, por lo que deseo que esta columna sea más una invitación a ver la película que un análisis mezquino e imposible de este pináculo en la historia del cine. Aunque puede ser observada con placer navegando entre sus distintas capas, la moraleja metafísica y alegórica basada en la investigación detectivesca de “la vida de un hombre que nunca fue tan pública y tan elusiva a la vez”, es la de tratar de nunca extraviar lo más importante en la vida de todos nosotros… el “Rosebud”… esa dimensión que tanto abunda en nuestra infancia pero que una vez ya convertidos en adultos, se transforma en un famélico “Xanadú”… un palacio de la opulencia, un monumento al vacío existencial… el mismo donde Kane muere solo y abandonado, en ruta directa a transformarse en el más rico del cementerio.

 

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