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EDICIÓN | Abril 2015

Puerto Mall

CONCEPTO URBANO
Puerto Mall

José Pedro Vicente Arquitecto. Magíster en Arquitectura Pontificia UC. Santiago. www.josepedrovicente.cl

Es probable que Puerto Montt sea el mejor ejemplo nacional donde se contrastan dos realidades en cuanto a diseño, calidad de vida, concepto urbano, habitabilidad, patrimonio, identidad y tantos otros temas, que incluso, escapan de mi disciplina. Me refiero al enfrentamiento entre lo vernáculo y lo importado.

Por un lado, el comercio pesquero que ofrecen las embarcaciones, los palafitos que sostienen a las cocinerías, la plaza central con productos complementarios a la receta marina, y como añadidura, las artesanías en locales inmediatos a este centro gastronómico, logran –como efecto colateral– un atractivo turístico propio del Sur de Chile. El tema de fondo es que en Angelmó, habiendo comercio, logística de abastecimiento, atención a público, aseo, turismo y todo lo que debe tener un servicio como este para su correcto desenlace, no desconoce el lugar en el que se encuentra. Por el contrario, para que funcione, el olor a mar, la lluvia, vista al mar y tránsito de embarcaciones, deben, más que estar presentes, ser protagonistas.

La descripción de sus características, para no decir fortalezas, podrían llenar una decena de líneas en la columna, sin embargo, lo que importa, es el contraste entre esta realidad y lo importado. En la misma costanera, a poca distancia, un formato insertado y aplastante. Sin duda un proyecto rentable que responde a las necesidades de sus usuarios, pero que, claramente desconoce el lugar donde se emplaza.

En el interior de esta caja XL de hormigón armado, nos encontramos con un inhóspito espacio tipo "White Box" preparada para recibir tantos tipos de maquillajes como cantidad de temáticas indique la temporada de turno. Música de fondo que evoca curiosa y paradójicamente ciertos paisajes al exterior, evidenciando entonces, su propia negación al formato encerrado. Finalmente, como broche de oro, se encuentra el personal que no gasta esfuerzos en atenderte, por el contrario, el raciocinio que lo hace funcionar es el autoservicio para disminuir los costos de operación. Importante contrastar que en las cocinerías, todas las visitas pasan a ser reinas o jefes, por lo tanto, aún sin comprar algo, a muchos les suben la autoestima.

Esta realidad comercial, hermética, importada, impersonal y aplastante –cómoda para muchos– terminará por "hundir" una privilegiada condición urbana. Cabe preguntarse entonces ¿quién está mal?, ¿las inmobiliarias que responden a las necesidades de las personas, la gente al privilegiar lo funcional sin visualizar los efectos en su propia ciudad, y en consecuencia, en su propia calidad de vida, o bien, la “normativa” que, producto de una miopía, poco regula la desvergonzada sobre explotación del metro cuadrado?

Lamentable sería entender nuestro espacio público como un modelo importado e impuesto. Más lamentable aún, es entender una realidad bajo techo, como una respuesta a las propias demandas de un porteño.

PD: Lo importante está en entender que el espacio público es un tema cultural, luego comercial. Lo primero, no invalida lo segundo. Lo segundo, mata lo primero.

 

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