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EDICIÓN | Marzo 2015

Fiebre de sábado por la noche

Por Maximiliano Mills / www.betweencliffsandairports.com
Fiebre de sábado por la noche

Es junio de 1998 y me encuentro de luna de miel en Las Vegas. La cantidad de opciones que hay para divertirse es abrumadora, pero algo llama mi atención y le digo a mi esposa que se vista al estilo de la “onda disco” para no perdernos la oportunidad de ir a bailar en la versión revivida del mitológico Studio 54 en el hotel MGM. Al rato me sorprende con un vestido de lentejuelas brillantes de una pieza, maquillada al estilo de los sesenta y usando zapatos de taco alto.

Veinte años atrás el Studio 54 en Manhattan simbolizaba el pináculo de la diversión bailando al ritmo de la más maravillosa música jamás creada. Pero quedaba en Nueva York situándolo en nuestras mentes localizadas en Chile a la distancia equivalente que había para ir hasta Júpiter. Y si uno hubiera logrado llegar hasta la mismísima puerta del Studio 54 estaba ahí uno de sus dueños, Steve Rubell, quien era famoso por seleccionar a dedo quien era digno de traspasar esas puertas para ingresar al centro del universo disco.

Agosto de 1978, Cine Olimpo de Viña del Mar: yo tenía catorce años. La película tenía censura para “mayores de dieciocho años”. Pero si no me dejaban entrar a verla, para mí significaba el fin del mundo… ¡pues todos en mi círculo ya se habían contagiado con la “onda disco”! Mi mamá me tomó del brazo izquierdo y mi nana del brazo derecho y colocando su cara más seria posible, ¡me hicieron entrar al cine haciendo inútil cualquier intento de resistencia por parte de los corta-boletos en la portería! Todos en mi colegio ya habían visto la película; mis compañeros se habían cortado el pelo “a lo Travolta”, habían reproducido su vestuario y durante la semana ensayaban los icónicos pasos de baile para transformarse en el rey o la reina de la pista de baile —como Tony Manero & Stephanie Mangano— en las fiestas que se hacían en nuestras casas o en la discoteca más creativa, hermosa y entretenida de Sudamérica… ¡el Topsy-Topsy de Reñaca!

La película Saturday Night Fever es un hijo del creativo agente de los Bee Gees, Robert Stigwood, quien, a fines de 1976, les pidió que le “escribieran unas cancioncitas para una película que estaba produciendo”. Lo que hoy cuesta creer es que “estas cancioncitas” forman parte de la banda sonora para película más vendida de la historia con treinta y siete millones de discos. Además, cinco de estas “cancioncitas” ostentan el record de haber logrado posicionarse ¡al mismo tiempo en el Top 10 de Billboard! (Staying Alive, Night Fever, More Than a Woman, How Deep is Your Love y You Should be Dancing). Esta es una producción norteamericana estrenada en 1977, dirigida por John Badham. La idea surgió cuando el periodista Nik Cohn, de la revista New York Magazine publicó un reportaje titulado “Ritos tribales del nuevo sábado en la noche”, donde captó el fenómeno de que las canciones se hacían populares en las discotecas antes que en las radios, y que estaba surgiendo una generación que buscaba un trabajo seguro para solamente llegar a liberarse bailando el sábado por la noche.

Aunque es una película considera liviana por algunos puristas, John Travolta fue candidato al premio Óscar en 1978 como mejor actor principal. Y no solo fue un exitazo de boletería, sino que moldeó, impulsó y le dio credibilidad al movimiento Disco alrededor del planeta, convirtiéndose en un gigantesco e imparable fenómeno sociocultural que cambió de raíz la forma de enfrentar la vida en esos años posteriores a la guerra de Vietnam, cuando la gente necesitaba distanciarse del horror presentado diariamente en los noticiarios de televisión hasta 1975. Aquí surgió la figura del disc-jockey como el sumo sacerdote dentro de estos templos musicales donde la vida rotaba marcando el compás de verdaderas rapsodias bailables en ritmo de funk.

Fiebre de sábado por la noche es una película realizada con presupuestobajo, pero sólida y bien lograda en edición, vestuario, elenco de actores, guión y dirección. Hoy posee una legión de nostálgicos por una época feliz sin teorías de la conspiración, calentamiento global o virus ébola. Pero con la misma fuerza que llega girando un tornado, el fenómeno disco se extinguió tan rápido como surgió. Los dueños de Studio 54 fueron sorprendidos estafando al fisco y vendieron el local. El golpe definitivo a la música lo dio la tecnología: en 1980 aparecieron los primeros teclados con secuenciadores de percusión y reproductor de instrumentos. Los sellos de grabación decidieron que mantener sus orquestas estables para grabar discos era un gasto descomunal e innecesario. Ahora con solo presionar un botón les llegaba el mismo sonido equivalente a quince violinistas. Pero algo permanece incólume, inamovible e inalterable… ¡Todos se sonríen cuando recuerdan la época disco!

 

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