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EDICIÓN | Febrero 2015

The X-Files: Fight the Future

Por Maximiliano Mills / www.betweencliffsandairports.com
The X-Files: Fight the Future

Como fanático de la ciencia-ficción mis expectativas eran altas, pero temía que mi desconexión con la
serie me dejara con vacíos en la historia. Nada de eso. Chris elaboró un guión inteligente, dedicado a
ampliar los seguidores de la serie y que, al mismo tiempo, acogiera a los desconectados como yo.

Es una soleada mañana pre-veraniega en el aeropuerto de Los Ángeles, en mayo de 1997, y estoy esperando tomar mi avión a las islas Fiji. Salgo para cruzar la avenida y subir a desayunar al restaurante del Theme Building, cuando veo pasar un auto con tablas de surf en el techo. Gran asombro fue cuando del auto baja mi editor en la revista Surfing, Sam George ¡Nos saludamos efusivamente debido al sorpresivo encuentro! “¿Dónde vas?”, le pregunto. “Nos vamos a surfear en Cabo San Lucas este fin de semana largo con mi amigo Chris Carter”. Los acompaño a registrar su equipaje y en la fila le pregunto a Chris a qué se dedica ahora. “Escribo una serie para televisión”. “¿Y cómo se llama?”… “Los Archivos Secretos-X”. Debo contar que en esa época representaba a una empresa australiana en Chile, lo cual derivaba en que viera muy poca televisión ¡Pero Los Archivos Secretos-X y su escalofriante melodía eran el éxito televisivo del año! Basado en la vaga información que tenía de la serie, le hago a Chris la que quizás ha sido la pregunta más ignorante e ingenua de mi vida: “¿y estos Archivos-X se encuentran en el FBI o en la CIA?”. Sin un asomo de burla, Chris se toca la sien con su dedo y me dice “los Archivos-X provienen de aquí”.

Al año siguiente, Chris estrena mundialmente su película Expediente-X: enfréntate al futuro. Corrí a verla al cine. Ya estaba cansado de sentirme fuera de este fenómeno ubicado en un universo paralelo. Como fanático de la ciencia-ficción mis expectativas eran altas, pero temía que mi desconexión con la serie me dejara con vacíos en la historia. Nada de eso. Chris elaboró un guión inteligente, dedicado a ampliar los seguidores de la serie y que, al mismo tiempo, acogiera a los desconectados como yo. Es una experiencia cinematográfica de categoría, con una producción fantástica y un presupuesto de setenta millones de dólares (que proveyó asesores en efectos especiales que la serie no podía darse el lujo de contratar). La base de la historia es sólida, ya que explica muchos de los misterios que la serie de TV mantuvo por años. Agregó otros enigmas y las apariciones de extraterrestres son espeluznantes. Hay varias escenas que se transformaron en iconos instantáneos y el final te deja rogando por una pronta secuela. Una segunda lectura podría insinuar que ¿este es solo un capítulo de televisión en larga duración con formato de cine? Para nada. De comienzo a fin se trata de una isla narrativa sin ataduras con la serie. En la escena inicial aparecen los agentes Mulder y Scully no pudiendo evitar que una bomba explote en un edificio de Dallas. Surgen las sospechas de que esto fue parte de un plan para destruir información valiosa. El periplo incluye un virus llegado del espacio, abejas contaminadas, desaparecidos, naves espaciales y un gran final en la Antártica… el universo “Carteriano” llevado a su apogeo.

Aún estático por la desatinada pregunta a Chris en el aeropuerto, viene mi segundo impacto al tenerlo frente a mí y saber lo que hacía. Al creador de los Expedientes-X lo hubiera imaginado transitando por la vida como gótico: usando chaqueta de cuero negro, algunos tatuajes y con cadenas. En cambio, aquí estoy con un tipo amable, vestido con una polera vieja, pantalón corto y sandalias. Chris encontró la inspiración para desarrollar el programa piloto de los Expedientes-X cuando leyó una encuesta que afirmaba que cuatro de cada diez norteamericanos creían en la existencia de extraterrestres, fantasmas, ovnis, sucesos paranormales y teorías conspirativas. He vuelto a encontrarme con Chris para compartir viajes en busca de olas para surfear junto a otros amigos. Bajo el sol, frente al mar y rodeados de bosques. Todo lo contrario a esas lúgubres ambientaciones donde filmaba los Expedientes-X en Canadá. Pero como toda persona que ha alcanzado el reconocimiento mundial, su sencillez debe ser el “Ingrediente-X” en su vida. Una noche acampando en la playa, conversando frente a la fogata, le escucho decir con la mayor simpleza: “una vez tuve que hablar para treinta millones de personas y fue todo un desafío”. Intrigado, le pregunto dónde se puede reunir esa cantidad de personas, y me responde “en la televisión, para la entrega de los premios Emmy”.

 

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