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EDICIÓN | Enero 2015

Big Wednesday

Por Maximiliano Mills / www.betweencliffsandairports.com
Big Wednesday

Si bien esta película no cumplió con el exitazo pronosticado por Steven Spielberg y George Lucas (amigos de John Milius), ya que solo recaudó la mitad de lo gastado en filmarla, comenzó pronto a ser incluida, habitualmente, en los canales de televisión y con la llegada de los videoclubes a principios de los ochenta, se transformó rápido en una cinta de culto, creando una legión de incondicionales tanto dentro como fuera del surf.

Mi recomendación para iniciar este verano 2015 es ver la película Big Wednesday (1978). Es la única cinta que escapa a la gran paradoja de Hollywood: estando sus estudios de Los Ángeles tan cerca de varias playas icónicas del surf californiano, ha fallado una y otra vez en tratar de retratar de manera fiel —y con éxito comercial— la esencia de la vida del surfista (las únicas dignas excepciones son North Shore de 1987 y Punto de quiebre de 1991).

Conocí a Peter Townend, en 1993, cuando asistí a la feria ASR en California. Es el primer campeón mundial de surf, coronado en 1976, y fue el doble de William Katt en las escenas filmadas en las olas de El Salvador. Me comentó que fue un trabajo fantástico, porque el director John Milius también era surfista. “En realidad, más bien fueron vacaciones”. En 1995, conocí en Isla de Pascua a Dan Merkel, legendario cineasta acuático, quien estuvo a cargo de filmar las escenas de surf en Hawái. Tipo metódico, hiperkinético y profesional que logró retratar en olas gigantescas el espíritu del gran final que tiene Big Wednesday. Finalmente, el 2004, me tocó viajar por Chile explorando olas con Gerry López, un sufista legendario y encarnación moderna del Big Kahuna hawaiano, quien en la película protagoniza un cameo que sorprende a todos, otorgándole una validación de peso al magistral guión.

La segunda lectura de Big Wednesday va más allá de retratar al hedonismo implícito en el surf. Describiendo la acción de correr una ola, elabora un relato, durante los años 1962 a 1974, con la vida de tres vecinos y grandes amigos que viven frente al mar —Matt Johnson (Jan- Michael Vincent), Jack Barlowe (William Katt) y Leroy “The Masochist” Smith (Gary Busey)— mostrando su crecimiento, evolución y desafíos cuando recién han terminado el colegio y con ello intentando adaptarse a un trabajo, buscando el balance entre la sacralidad del surf y lo mundano de pagar cuentas, enfrentando la frustración de un mundo competitivo, tratando de evitar el reclutamiento a la guerra de Vietnam, casándose con su novia del colegio y viviendo la tragedia de refugiarse en el alcoholismo, para finalmente lograr el pináculo de sus vidas corriendo esa mítica marejada de 1974, bautizada como Big Wednesday.

A diferencia de otras películas de surf con el insípido y comercial sello Made in Hollywood, esta fue co-escrita por Dennis Aaberg y John Milius con clara inspiración autobiográfica. Desde su infancia, ambos vivieron surfeando en el sur de California, y supieron retratar, con fidelidad, las aristas que emergen y cautivan después que alguien ha conocido la pasión de montar una ola, basados en los recuerdos que ambos atesoraban habiendo crecido en la playa de Malibú.

El otro factor de antología que ocurre en Big Wednesday es que, quizás por primera vez, en el cine se da ¡una “colocación de producto” a la inversa! John Milius creó para la película una marca ficticia de tablas de surf (“Bear“) con el objetivo de incorporar a su artesano/fabricante en el guión como un personaje-bisagra de la historia. Comenzó pequeño en su taller, creció, próspero y después … bueno, ya saben … sin antes recitar una de las frases más recordadas en la historia del cine, durante una escena conmovedora donde le preguntan si seguía corriendo olas, a lo que “Bear” responde… “Solo cuando es necesario”. Hoy después de treinta y seis años, la marca “Bear” todavía existe y sus tablas de surf y línea de ropa playera son un distintivo del surfista que aprecia la tradición de una época cuando correr una ola significaba amistad, desafío y pureza.

Es técnicamente una película playera —y aparentemente frívola, ya que también incluye humor de comedia para adolescentes—, pero que contiene imágenes con desafiantes momentos existenciales: si la escena donde el surfista Jack Barlowe vestido con su uniforme del ejército es pasado a buscar y se marcha a la guerra de Vietnam no te desgarra el alma, entonces debes analizar si no estás ocupando demasiado espacio en este mundo. No imagino otra situación más antagónica jamás filmada. A un surfista de alma, pro-paz, pro-armonía y pro-ecología… ¡Lo mandan a matar a otro ser humano que nunca ha visto, por una razón que no entiende y en una tierra que no conoce!

 

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