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EDICIÓN | Octubre 2014

Cliffhanger (Riesgo total)

Por Maximiliano Mills / www.betweencliffsandairports.com
Cliffhanger (Riesgo total)

Cliffhanger es una importante película, pues dignificó el género “de acción” tan abusado, prostituido y repetido en serie hasta el cansancio por decenas de otras películas nacidas de productorescontadores, a los que les corría la baba mientras más explosiones y cadáveres volando incluían en el metraje de la cinta.

Esta no es una columna de cine. Es un homenaje a una leyenda deportiva que acaba de nacer en Chile: Ramón “Chapa” Rojas, pionero de salto base y uno de los mejores embajadores que el país ha tenido representándonos por todo el planeta. A los años de conocerlo en Patrullas de Esquí de Chile-Valle Nevado, comenzó a interesarse en el paracaidismo, después en el salto base, para terminar combinando tres disciplinas: Ski-WingSuit-Base, que consiste en bajar una montaña esquiando hasta un precipicio, lanzarse al vacío, botar los esquís, volar planeando la distancia máxima posible para terminar abriendo el paracaídas y aterrizar en tierra firme. Fue y será el primero en Chile que se dedicó a este complejo trío de deportes que combina ciencia, cuerpo e instinto. Dentista de profesión y nacido en San Vicente, alcanzó sus alas de ángel en su vuelo más alto hacia el infinito en un accidente ocurrido el 20 de septiembre en los Alpes Suizos. Una noche de sábado, en agosto de 2011, disfrutando de un tradicional asado después de esquiar, en el Iglú de Patrullas en Farellones, le pregunté: ¿has visto la película Cliffhanger con Sylvester Stallone? “¡Pero claro que sí!” —me respondió entusiasmado—, “esta fue la película que me abrió los ojos por primera vez hacia esta nueva dimensión deportiva que estaba naciendo, ¡cuando vi a los dos jóvenes pegarse un cabezazo y saltar en paracaídas desde un acantilado! Yo solo tenía catorce años, pero después que la vi en un cine de Rancagua, ya intuía dónde me gustaría canalizar mi pasión que ya se estaba gestando cuando esquiaba en las montañas de Chapa Verde”.

Cliffhanger es una importante película, pues dignificó el género “de acción” tan abusado, prostituido y repetido en serie hasta el cansancio por decenas de otras películas nacidas de productores-contadores, a los que les corría la baba mientras más explosiones y cadáveres volando incluían en el metraje de la cinta. Dirigida, en 1993, por el finlandés Renny Harlin y co-protagonizada por el magistral John Lithgow, cuenta la vida del escalador y guardabosques Gabe Walker (Stallone), quién acude a un rescate en las Montañas Rocallosas, pero se trata de un llamado falso, pues corresponde a un grupo de funcionarios que resguarda el traslado de cien millones de dólares en un avión del Departamento del Tesoro, el que ha tenido un aterrizaje forzoso en la nieve. La película fue un éxito en las taquillas del mundo, llegando a generar más de doscientos setenta millones de dólares y, más importante aún, fue una bofetada en la cara para los que despreciaban este tipo de películas y para los productores-proxenetas con un mensaje muy claro: Sí, es posible crear cautivante tensión y atracción hacia una película con balazos, explosiones y muertos ¡y además hacerte millonario!

¿Los ingredientes? El único necesario. Que la historia sea totalmente c-r-e-í-b-l-e. Aquí el asalto a un avión resulta probable. La traición de los funcionarios de gobierno también. Cómo se arruina el plan de traspasar en vuelo el dinero dentro de unas maletas metálicas a otro avión. La forma de recuperarlas dispersas en la nieve con rastreador… y el maridaje se completa con un villano de antología: déspota, frío, sicópata, controlado y capaz de exigirle a su novia el “máximo sacrificio” sin remordimientos. Esto sumado a una pulsación narrativa en tensión, con un inicio desgarrador y sorpresas en el guión cada veinte minutos, crearon esta joya cinéfila que conviene repasar y que ya es un clásico. Además, Cliffhanger está en el libro Guinness por tener la escena en el aire más cara. El doble Simon Crane, a una altitud de 4.572 metros, cobró un millón de dólares por la toma del envío de maletas, cruzando entre dos aviones.

Y aquí regresamos a meditar la belleza más sublime que posee el cine, cuando su pureza llega a tocar el alma de un adolescente dentro de un cine al sur del mundo, haciendo que este visualice lo que alguna vez le entregará sus propias alas de éxtasis. Tal como la película que lo inspiró, Ramón Rojas, recién en agosto de 2014, también estableció una marca mundial: el salto base a mayor altura (4.327 metros desde el cerro El Plomo), que de manera póstuma, en el libro Guiness, deberá ser reconocido. Sigue volando alto amigo, ya has alcanzado tus alas eternas… ahora es tiempo de encontrar las nuestras.

 

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