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EDICIÓN | Mayo 2014

Valparaíso, Mi Amor

Por Maximiliano Mills / www.betweencliffsandairports.com
Valparaíso, Mi Amor
Esta es una obra fundamental para cualquier chileno que sea cinéfilo. La tenía fija en mi lista de películas para comentar por “derecho de locación”. Y hubiera dado mi vida porque la razón para analizarla, justo ahora, no hubiera sido el dantesco incendio sufrido hace un mes por la única ciudad del planeta que encuentro realmente hermosa.
Junto a Ya no basta con rezar (1972), Valparaíso, Mi Amor, de 1969, es parte de la breve filmografía del cineasta autodidacta Aldo Francia Boido (1923-1996), médico pediatra nacido en Valparaíso y pionero en Chile del cine moderno. Además de ser creador del Festival de Cine de Viña del Mar, de haber fundado, en 1967, la primera escuela de cine del país en la PUCV, de haber levantado la sala del Cine Arte de Viña del Mar y de haber escrito el libro Nuevo Cine Latinoamericano. Inspirándose en la obra de Alain Resnais Hiroshima mon Amour (1959) da origen a esta película. Junto al guionista José Román se basaron en una desoladora historia de las páginas rojas narrándola con un realismo amplificado. Con solo dos actores profesionales (Sara Astica y Hugo Cárcamo), filmando fuera de un estudio y solo en lugares icónicos del puerto, con el resto del elenco basado en ciudadanos de Valparaíso y distanciados del morbo sensacionalista con que la prensa de TV trata en esta época a las mega tragedias, Valparaíso, Mi Amor debe ser la mejor forma en que se ha descrito la marginalidad en Chile, sin ser por eso una película abrumadora, incluso habiéndose filmado en blanco y negro. Estuvo en la sección de Realizadores del Festival de Cannes y en la Semana Internacional del Cine de Barcelona.
 
La escena que culmina en la apertura de la película tiene ribetes casi operáticos, donde uno se pregunta si es un montaje de utilería… pero no… ¡La geografía de Valparaíso es así! Cada cerro es un balcón arcilloso hacia el Pacífico sur, donde la copropiedad del azulado horizonte en vez de separar al ciudadano-marinero, lo une con quien tenga cerca… puede ser un escolar, una vecina o un turista. La historia sacada de la crónica policial muestra al padre cesante de una numerosa familia pobre que cae preso cuando es sorprendido robando ganado para poder alimentar a sus cuatro hijos. Su conviviente tendrá que hacerse cargo de mantener a sus niños con un salario escuálido, también tratando de impedir que caigan en la delincuencia a la cual parecieran estar destinados. ¿Suena conocido o actual? Quizás aquí está su mayor fortaleza: este es el tipo de cine que se agranda y va creciendo con el tiempo. Con imagen cruda —utilizando iluminación natural— y hecha a pulso con cámara en mano y en el extremo opuesto a los efectos especiales, Francia va hilvanando imágenes con dignidad y con las que entiendes por qué este médico, devenido en cineasta, utilizó la imagen para mostrar lo que veía cotidianamente en el hospital de su venerada ciudad natal. Más importante aún, Valparaíso aquí obtuvo su himno: el vals de Víctor Acosta La Joya del Pacífico, grabado por Jorge Farías.
 
Si hoy producir y filmar una película en Chile es un desafío que desgasta el alma, haber rodado Valparaíso, Mi Amor con poco dinero, gran convicción y mucha colaboración fue épico. La pulcra fotografía es de Diego Bonacina y retrata un puerto alejado de la tarjeta postal otorgada hoy por la UNESCO; sin calles limpias y con la inseguridad urbana del Camino Cintura hacia arriba. Con extensos planosecuencias hasta desde los ascensores y mostrando los laberintos del puerto, esta historia coral de una familia porteña que desciende hacia la desolación tras la captura del padre por tráfico de carne, es más contemporánea y cercana hoy a Chile que todos esos capítulos de TV y películas hechas en serie sobre los atropellos a los Derechos Humanos durante el gobierno militar… este Valparaíso es más grande que Chile; es atemporal, cariñoso y humano. El que ha sobrevivido aluviones, bombardeos, terremotos, piratas, incendios y al peor gigante egoísta de todos: el egoísmo voraz de Santiago ¿Qué hubiera pasado si no se construye el Canal de Panamá? Quizás Valparaíso tendría más alcurnia y sería más bello y estratégico que Barcelona o San Francisco… con hoteles lujosos, alcaldes visionarios y agua en los grifos cerro arriba. Estoy convencido de que Aldo Francia es el mejor alcalde en la historia de Valparaíso porque fue su verdadero amor.
 

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