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EDICIÓN | Marzo 2012

Turismo Espiritual

Casa Guangualí

En el poblado de Guangualí, en la comuna de Los Vilos, encontramos el lugar que conjuga, en armonía, el descanso y espiritualidad a través de los elementos agua, aire, tierra y fuego. Espacio que, además, se ha convertido en un spa, centro de relajación y meditación que invita al autocuidado y a conectarnos con nosotros mismos, en una experiencia que querremos repetir.

Por Francisca Larriba C. / Fotografía Patricio Salfate T.

Aproximadamente a doscientos noventa kilómetros de La Serena, por la Ruta 5 hacia el sur, se encuentra nuestro nuevo destino: Casa Guangualí, lugar de descanso y meditación. Queremos conocer este lugar, porque hemos escuchado que es un paraíso espiritual, donde nos podemos conectar con un mundo onírico y de astros.

Llegando al cruce de Pichidangui debemos tomar la vía que nos lleva hacia el interior del Valle de Quilimarí. Avanzamos unos quince kilómetros hasta encontrarnos con un desvío hacia Lo Muñoz; desde este punto solo nos queda un par de minutos de viaje. Seguimos por un camino de tierra que va en subida y, a unos pocos metros, divisamos un pequeño cartel, de forma circular, con tonos verdes, grises y blancos, ubicado hacia el costado izquierdo de la ruta, que nos anuncia que nuestro recorrido en el vehículo ha terminado y que comienza uno nuevo por este espacio consagrado a la meditación y el descanso.

Al bajar del auto se nos aproxima una mujer, vestida completamente de blanco, y que con una gran sonrisa y un abrazo nos saluda, es María Alicia Haeussler, propietaria del lugar, y quien fuera la <strong>ganadora del Mérito Turístico Regional, del Día Mundial del Turismo, en el año 2010. </strong>Lo primero que nos dice, luego de presentarse y agradecer nuestra visita, es que la llamemos Titi y que nos sintamos como en nuestra casa.

Desde que pisamos el suelo de este mágico refugio, sentimos la mística y el poder que emana de los cuarzos que forman el camino que nos lleva a sus distintos rincones. En la entrada, la imagen de un buda con sus manos juntas, en señal de oración, nos da la bienvenida.

Lo primero que hacemos es conocer la casa principal, donde vive Titi, pero que también se convierte en el hogar de cientos de turistas que llegan todos los meses en busca de una pausa en sus vidas. Y es que acá el tiempo se detiene y se disfruta de cada instante del contacto con el cielo, con las flores, las hierbas, los árboles, en resumen, con todo el encanto que nos puede entregar la madre naturaleza.

Al interior, un gran comedor, varios muebles de madera rústica, canastos de mimbre, cuarzos distribuidos por distintos lados, puertas con ventanas que muestran el verde del exterior y una pared que está llena de diferentes tipos de escobas colgadas, nos reflejan el gran cariño y entrega con que se ha puesto cada detalle para que todos los visitantes se sientan cómodos y acogidos. Por un pequeño pasillo se llega a las habitaciones y el living, todo cubierto de blanco, lo que transmite, de inmediato, tranquilidad e invita a sentarse para tener una agradable conversación.

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<strong>AMOR Y AUTOCUIDADO</strong>

Salimos de la casa principal y siguiendo con nuestro recorrido encontramos pequeños y coloridos carteles que nos llaman la atención y nos reafirman que hemos llegado a un spa de grandes proporciones. Leemos en algunos de ellos: masajes, Sala OM y silencio. Es la entrada de cada una de las puertas que nos llevan al encuentro con nuestro yo interior.

Es aquí donde comienza a detenerse el tiempo, nos olvidamos de mirar el reloj, del ruido de la ciudad y solo escuchamos a la naturaleza, nuestra respiración y corazón. Es el sitio ideal para desconectarnos y entregarnos a un estado de armonía, paz y plenitud.

Respecto a esta concentración de buenas energías, María Alicia nos comenta: "hay algo que pasa aquí que es energético, será el cuarzo, la naturaleza, la guía de las estrellas, no sé que será, pero siento que acá hay algo especial que me contiene, que me guía, que me ama".

Durante la estadía en este refugio se pueden realizar distintas actividades, todas ellas ligadas al auto cuidado y a la espiritualidad. Podemos comenzar con un masaje descontracturante o con piedras volcánicas calientes, luego continuar con la lectura de cartas de tarot, de los ángeles o de las runas. Si deseamos seguir recargando energías y alineando nuestro cuerpo, es ideal un masaje en las camas de cuarzo. "Recostarnos sobre este mineral nos sirve para ordenarnos energéticamente y eliminar los bloqueos que, a veces, tiene nuestro cuerpo por el miedo o emociones que retenemos y nos paralizan. Los cuarzos nos abren para que la energía se canalice y fluya", nos explica Titi.

Tras estas sesiones de relajación, los turistas o amigos de la casa se reúnen en la cocina a tomar once y compartir las experiencias del día, además de organizar y pensar qué quieren hacer durante la noche. Las alternativas son varias: tomar un baño de tina con agua caliente y hierbas medicinales mirando las estrellas, cantar o tocar guitarra o realizar algún ritual frente al poderoso fuego.

<strong>LUGAR DE MEDITACIÓN</strong>

El hogar de Titi comenzó a transformarse, hace dos años, en un lugar turístico, que nació de la necesidad del reencuentro entre las personas, la espiritualidad y la naturaleza. "Cuando empecé a armar esta casa estaba en una búsqueda personal muy grande y participaba en varios grupos y a ellos los traía para acá y así se fue generando un ambiente que se plasmó en una energía de encuentro, confianza y cariño. Con el tiempo, empezaron a llegar los amigos, luego los amigos de los amigos y así se ha ido expandiendo a través de la meditación, convirtiéndose hoy en una casa abierta a todo el que la quiera conocer".

La mayoría de las personas que visitan el lugar, además de buscar tranquilidad y masajes, llegan para meditar sobre sus vidas. Es por esto que uno de los lugares más importantes y grandes de Casa Guangualí, es su sala de meditación, hecha de madera por fuera, rodeada de ventanas y con muros de adobe que han sido pintados de blanco por dentro.

En la sala se refleja la luz sobre su piso de madera. Para ingresar a ella, debemos sacarnos los zapatos y entrar descalzos o con un tipo de calzado de género especial para la ocasión. En el centro del salón hay una alfombra blanca sobre la cual resalta una bandeja con dos copas, una vela, imágenes de ángeles, cuarzo y otras piedras. A su alrededor, varios cojines ubicados en círculo llaman a sentarse en tranquilidad y completa concentración.

Este es el momento ideal para limpiar y purificar nuestro cuerpo.

<strong>LA HUERTA</strong>

Durante la estadía es una delicia probar los platos de comida casera, que se preparan con mucha dedicación, con productos del valle y de la propia huerta orgánica que se encuentra frente a la casa, con frutas y verduras que Titi cultiva cuidadosamente día a día.

Algo que nos llama la atención es el jugo Casa Guangualí, tradición del lugar, y que entre sus ingredientes lleva limón y algunas hierbas medicinales como cedrón y melisa. Mezcla exquisita que sirve para refrescar los cálidos días de este sector. Los visitantes que se quedan a alojar, según nos cuenta Titi, pueden disfrutar en la mañana de un desayuno campestre con jugos naturales, pan amasado, huevos (de gallinas felices) y paltas orgánicas.

<strong>COMO EN CASA</strong>

El camino de cuarzo que forma los senderos se suma a escaleras de madera que invitan a sentarse y a admirar el paisaje. Desde acá, y gracias a la altura en que está situada la casa, podemos obtener una imagen general del valle. A lo lejos se escucha el sonido del agua que emana de la pileta, el canto de las aves y el sonido de las hojas que se produce con la brisa.

Para disfrutar de todos los placeres de este lugar, lo ideal es quedarse a alojar. Y para ello, María Alicia tiene disponible una cabaña rústica para seis personas, la casa principal y, si vienen grupos grandes, pueden dormir en la sala de meditación en unas  cómodas colchonetas. Muy pronto habrá más espacios disponibles, ya que en estos momentos se están construyendo más cabañas, para poder satisfacer la alta demanda que está teniendo este sitio destinado a la reflexión.

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<strong>VALLE MISTERIOSO</strong>

Si usted decide visitar Casa Guangualí, además, podrá disfrutar de los encantos y misterios que tiene este poco explorado Valle de Quilimarí, que es la entrada sur de la Región de Coquimbo. Entre ellos se encuentran el museo de Lo Muñoz, que tiene una colección de restos arqueológicos de culturas prehispánicas que habitaban en esta zona, los petroglifos de la quebrada de Culimo, el embalse del mismo nombre y la mina de cuarzo de Tilama. Además, durante su estadía puede ir a conocer a productores locales de queso de cabra y aceite de palta y oliva.

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<strong>NUESTRO DATO</strong>

Casa Guangualí

Hijuela Nº 3, Palo Negro, Guangualí. Comuna Los Vilos.

Reservas: 97679266

www.casaguanguali.cl

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