Tell Magazine

Entrevistas » Mundo Empresarial

EDICIÓN | Marzo 2014

Diseño Nativo

Rodolfo Tirado, gerente general Ignisterra
Diseño Nativo
Luego de quince años exportando productos de altísima calidad a mercados europeos, americanos, asiáticos y del medio oriente, esta empresa decidió ampliar su radio de acción y poner el foco en el mercado nacional. Y ha sido todo un éxito. De la mano de la lenga, una especie nativa magallánica que se ha convertido en un must dentro del circuito arquitectónico y de diseño, Ignisterra está marcando pauta.
por Macarena Ríos R. fotografía Teresa Lamas G. y gentileza Ignisterra
Al momento de esta entrevista, Rodolfo Tirado viene llegando de Nueva Zelanda, en donde acaba de abrir su cuarta tienda de muebles apostando bastantes fichas en el mercado nacional, continúan con presencia en el extranjero a través de sus participaciones en ferias internacionales y, ahora, con la apertura de su primer showroom en el extranjero, queda demostrado una vez más el prestigio que impregna esta madera. “La lenga es, lejos, la madera chilena nativa más exitosa en el posicionamiento de valor en la exportación. Ha llegado a competir con las maderas más finas del mundo”, asegura, mientras caminamos por los siete mil metros cuadrados que alberga la planta manufacturera que tienen en Villa Alemana.
 
¿Cómo fue la experiencia?
Increíble. Abrimos en Taupo, una ciudad turística que está estratégicamente muy bien ubicada, muy cercana a la vida rural y natural, en donde aprecian mucho la madera. La acogida ha sido impresionante, ¡tendrías que haber visto la cara que ponía la gente cuando entraba a la tienda!
 
Pero lo cierto es que no todo fue miel sobre hojuelas. La inexperiencia inicial y un incendio que arrasó con el aserradero algunos años más tarde, marcaron la historia de esta empresa chilena que factura cuatro millones de dólares al año, que vende bonos de carbono certificados por las Naciones Unidas, que está próxima a inaugurar un outlet en su casa matriz de Villa Alemana y que se acaba de aventurar en el negocio hotelero al fin del mundo.
 
LOS ORÍGENES
 
La primera vez que Rodolfo pisó Tierra del Fuego fue en 1989, cuando lo invitaron a participar de este proyecto que nació bajo el alero de Fundación Chile. Dice que en esa época a lo mejor era más joven e irresponsable. “Cuando partimos en el negocio forestal, nos tildaron de locos, porque en esa época nadie se atrevía a hacer nada por allá. Llegaba abril y todos los estancieros iban donde los puesteros (quienes quedaban al cuidado de las ovejas) y les entregaban varios sacos de papas, otros tantos de verduras y el número de ovejas con el que podían alimentarse durante los cinco meses que duraba el invierno. ¡Cómo nos iban a creer, si nosotros apostábamos por trabajar todo el año!”.
 
El primer año fue un desastre. “Tuvimos que ir a los aserraderos de Canadá a aprender cómo solucionaban los problemas reales de frío, porque yo he estado en Tierra del Fuego con -27°C”.
 
¿Qué otras dificultades debieron sortear además del frío?
El aislamiento, el armar un equipo de trabajo sin experiencia. Encontrar a gente que estuviera dispuesta a trabajar en estos turnos de nueve días y después cinco en su casa no es fácil. Y aunque para algunos constituía una solución, para otros se convirtió en un problema insalvable.
 
A Rodolfo le gustan los desafíos, porque de eso se trató este emprendimiento: de trabajar con un recurso natural con el que no había experiencia y ponerlo en la palestra mundial, lo que ha implicado aprender muchísimo y desarrollar un sinfín de mercados, productos y formas de hacer las cosas.
 
MANEJO AUTOSUSTENTABLE
 
“Cuando tú decides comprar un mueble de madera versus uno de plástico, cuando decides construir una casa en madera en vez de cemento, estás aportando al medioambiente”, afirma Rodolfo. Y tiene razón. Los bosques limpian el aire de carbono. Y en un bosque natural, cuando mueren los árboles viejos —para que los jóvenes puedan crecer y ocupar el espacio dejado—, todo el carbono que capturó durante su crecimiento se pudre en el suelo y se devuelve a la atmósfera.
 
“Pero si extraemos estos árboles antes de que se pudran y los transformamos en una mesa, una puerta o un objeto decorativo, el carbono queda capturado en la madera. Siempre digo que un bosque en estado natural es una bodega de madera. Pero al hacer un manejo forestal, al sacar los árboles viejos antes de que mueran y dejarle espacio a los más jóvenes, transformo ese bosque en una fábrica de madera. Lo único que hago es anticiparme y en vez de esperar que un árbol se caiga de viejo lo saco antes y lo utilizo. Esa es la diferencia y el sello de Ignisterra”.
 
Sindicada como la principal empresa chilena productora de madera aserrada seca y productos elaborados en maderas finas, especialmente de lenga, Ignisterra tiene quince mil hectáreas en Tierra del Fuego. Cerca del bosque nativo de lenga —caracterizado por un intenso color rojizo—, está la planta industrial de energía autosustentable, que incluye un moderno aserradero y una planta de secado y de pre-elaboración de la madera.
 
“Antes, todos los desechos, el aserrín y lo que quedaba después del corte del trozo en el aserradero, lo acumulábamos afuera. Con el tiempo se descomponía, generando metano que se devolvía a la atmósfera”, explica el empresario y gerente general de la compañía. “Hoy lo utilizamos y generamos energía. Eso nos dio la oportunidad de poder vender bonos de carbono al gobierno de Suiza al empezar a ser autosustentable”.
 
EL ENCANTO DE LA LENGA
 
Conocida como el cerezo de Tierra del Fuego, la lenga se las trae. Sus cualidades y la belleza de su veta la hacen un material ideal para la construcción de puertas, pisos, muebles y un sinnúmero de productos.
 
“La madera de la lenga es muy amigable, se deja trabajar muy bien, el nivel de productos que puedes alcanzar con ella es espectacular”, dice Rodolfo. Tiene un acabado muy rico, con tintes, tiene una densidad y una buena forma de poder resolver las inquietudes de un arquitecto, un diseñador o un artesano ya sea para hacer un mueble o crear un diseño”.
 
Bien lo saben los diseñadores Orlando Gatica y Matías Ruiz. El primero creó una línea de tablas de cocina que la empresa comenzará a comercializar próximamente y, el segundo, una lámpara de lenga desarrollada por Ignisterra que le valió el reconocimiento en la última versión del Salón del Mueble de Milán.
 
“Tenemos tres líneas de productos: madera aserrada seca, que es nuestra área de negocio más grande, orientada a clientes industriales y a la exportación; arquitectura y construcción (ventanas, pisos, revestimientos, molduras, vigas laminadas, etc.), y hogar y decoración”.
 
El 2013 abrieron tres tiendas a lo largo del territorio nacional —Las Condes (Santiago), Punta Arenas y Villa Alemana—, cuyo concepto es más cercano a un showroom que al de una tienda de decoración. “Lo que queremos con estos showroom es que los fabricantes de muebles, los arquitectos, los artesanos, conozcan la madera y la gran variedad de posibilidades que ofrece”.
 
En estas tiendas se pueden encontrar productos para la casa, como unos muebles maravillosos (Don Bosco) fabricados por artesanos en Perú con diseños italianos, una amplia línea de productos para la cocina fabricados en madera e, incluso, accesorios tales como anteojos de sol hechos en madera lenga.
 
¿El producto estrella?
Las puertas. El que piensa en una buena puerta hecha en madera sólida debería pensar en una puerta Ignisterra.
 
PARADOR RUSSFIN
 
Como los operarios del aserradero de Tierra del Fuego trabajan con un sistema de turnos lejos de sus familias, parecido al de los mineros —en este caso particular trabajan nueve días y descansan cinco—, tuvieron que construir instalaciones para ellos y los supervisores de las faenas. Instalaciones que comenzaron a crecer y que en la actualidad ofrecen servicio de hotelería, de reparación de vehículos y de venta de combustible, que, aunque son básicas, cuando el lugar habitado más cercano está a más de cien kilómetros, resulta elemental. “Hay que estar en Tierra del Fuego para darse cuenta de que lo básico es extraordinario”, asegura.
 
“Como nosotros operamos durante todo el año, hace algún tiempo se nos acercaron empresas que estaban en el sector a pedirnos servicios de hotelería para su personal, además de algunos turistas que visitaban el sector. Se nos dio la oportunidad de hacer un negocio y, el 2012, inauguramos el Hotel Parador Rusffin (www.paradorrussfin.cl)”.
 
Tal como su nombre lo indica, es un parador, vale decir, un lugar que funciona como punto de encuentro para todos los amantes del trekking, la pesca y el inmejorable paisaje fueguino. “Está pensado como apoyo a los servicios turísticos de la zona. Son instalaciones básicas, pero nos hemos ido profesionalizando más, mejorando las habitaciones que tenemos”.
 
¿El desafío más grande?
Poder adaptarse a los grandes cambios del mercado. El escenario externo de una empresa es sumamente dinámico y hay que reinventarse día a día y evolucionar

 

 
La empresa Ignisterra ha sido reconocida por su trabajo y valorada como una importante empresa regional que ha logrado posicionar la madera nativa chilena en el mercado internacional, agregando valor a este material.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación6+6+6   =