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EDICIÓN | Febrero 2014

Terminator

Por Maximiliano Mills / www.betweencliffsandairports.com
Terminator
¿Cuántas locuras hemos hecho por amor? Demasiadas. Pero ninguna llega siquiera cerca
a la demostración realizada por Reese hacia Connor; enamorarse de una mujer por una foto, mantenerle una fidelidad sublime y arriesgar la vida para viajar en el tiempo solo para conocerla...
Este mes se celebra el Día de los Enamorados, por lo que he escogido para este Cine Paralelo la mayor declaración de amor jamás realizada en pantalla... Terminator. Esta película es un ejemplo clásico de la historia narrada en capas o con dimensiones alternadas, siendo etiquetada primero como cine de ciencia ficción y/o como película de acción. Pero si uno es aficionado a encontrar el verdadero núcleo dramático central de una película, la sorpresa que da Terminator al repasarla saliendo del cine es impactante: es una insuperable historia de amor a través del tiempo —envuelta con una guerra desigual— con incierto desenlace en su final y con una mujer cuya existencia no está verificada, y que de estar viva, está condenada a morir.
 
La historia está localizada en 1984 y se desarrolla en Los Ángeles, Estados Unidos, pero el conflicto está originado en el año 2029, donde ocurre una guerra aplastante, cuyo único fin es el exterminio del Homo Sapiens, para que una nueva raza de cyborgs se apropie del planeta. Pero a pesar de su superioridad, esta inteligencia artificial conocida como Skynet, está a punto de perder la batalla contra la guerrilla liderada por John Connor. Así los cyborgs deducen que para ganar se debe eliminar a John Connor antes de que sea gestado. Para ello se envía a 1984 a un cyborg modelo, Terminator T-800 (Arnold Schwarzenegger), utilizando una máquina del tiempo, con la única misión de matar a Sarah Connor (Linda Hamilton), la futura madre del líder rebelde anti-cyborgs. Informados del plan, los líderes de la resistencia también consiguen acceso a la máquina del tiempo, logrando enviar a un soldado, Kyle Reese (Michael Biehn), con la crucial misión de proteger a Sarah del Terminator a cualquier costo. Después del primer ataque del T-800, Reese le explica que viene del futuro y tiene la misión de mantenerla con vida. Continúa explicándole que el año 2029, los militares estadounidenses crearán una inteligencia artificial llamada Skynet, para tomar decisiones estratégicas, pero que Skynet había tomado conciencia de sí misma después de haber sido creada y que había decidido que la raza humana era una amenaza por lo que decide destruirla. Para eso, le describe como los cyborgs habían iniciado un ataque nuclear, resultando en una guerra entre los sobrevivientes humanos y las máquinas. Aquí le revela que su mesiánico destino es engendrar a John Connor, quien será el futuro líder de la resistencia humana contra Skynet... en cuarenta y seis años más.
 
¿Cuántas locuras hemos hecho por amor? Demasiadas. Pero ninguna llega siquiera cerca
a la demostración realizada por Reese hacia Connor; enamorarse de una mujer por una foto, mantenerle una fidelidad sublime y arriesgar la vida para viajar en el tiempo solo para conocerla...
Ya alejados del T-800, Sarah y Kyle se ocultan en el motel Tiki, escogido por tener un perro pastor alemán en la recepción (su olfato no es engañado por la perfecta apariencia humana de un cyborg). Mientras Kyle fabrica explosivos para enfrentar al exterminador, Sarah le pregunta si alguna vez ha tenido una pareja, a lo que él responde que no. Luego, comprendiendo que esta es su única oportunidad, le revela a Sarah que ha estado enamorado de ella desde que John Connor le regalara una foto de su madre, y que arriesgó su vida viajando a través del tiempo para conocerla y protegerla (sin siquiera saber si la materia orgánica podía hacerlo). Al principio, Kyle se siente algo molesto por haberse revelado, pero Sarah, conmovida por la confesión de Kyle, asume la misión de la mujer en la guerra desde tiempos inmemoriales: darle descanso al guerrero. Lo agarra fuerte y lo besa en la boca en la que quizás sea la escena sexual más enternecedora, apasionada y amorosa de la historia. Esta escena amatoria resulta conmovedora: es la primera vez que Reese se permite sentir placer y bajar la guardia. Connor utiliza su cuerpo para borrarle todo el dolor acumulado en mil batallas; el cariño expresado muestra una fusión de almas sin pornografía y en el orgasmo mutuo no hacen falta palabras para intuir quién ha nacido.
 
¿Cuántas locuras hemos hecho por amor? Demasiadas. Pero ninguna llega siquiera cerca a la demostración realizada por Reese hacia Connor; enamorarse de una mujer por una foto, mantenerle una fidelidad sublime y arriesgar la vida para viajar en el tiempo solo para conocerla... ¡Si esta no es la más grandiosa historia de amor jamás descrita en una película entonces voy a encerrarme en un monasterio!
 

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