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EDICIÓN | Diciembre 2013

Into the Wild

Por Maximiliano Mills / www.betweencliffsandairports.com
Into the Wild
La considero una de las películas más anodinas e insulsas que he visto en mi vida. Y si me encontrara con Sean Penn en la calle le diría “devuélvame los USD$ 7.95 y los 148 minutos de mi vida que gasté en su película el año 2007”. Mi definición para una película sobresaliente es muy simple: podría cambiar mi forma de ver la vida.
Penn-guionista-productor-director se pasa horas escondiendo una motivación juvenil que jamás devela. Si alguna vez pensó en hacer la versión del nuevo milenio de Busco mi destino, aquí se
farreó una valiosa oportunidad de entregarle a toda una desorientada generación “Y” algo que les dignificara su paso por este planeta. Peor aún: le falto la consecuencia de los grandes directores para elaborar un clásico del cine.
 
Película protagonizada por un elenco de trayectoria encabezado por William Hurt y Marcia Gay-Harden (y potenciando la atmósfera de cielos magníficos con la banda sonora creada por Eddie Vedder), está basada en el libro homónimo (1996) de Jon Krakauer, tomado de la historia verdadera de Christopher McCandless, un joven norteamericano que al término de sus estudios universitarios (1990) decidió arrancar de la sociedad establecida por el pudiente estilo de vida en el que fue criado y que aborrecía. Cortó deliberadamente toda comunicación con sus padres y hermana, y se lanzó a una travesía de dos años —sin rumbo preestablecido— por México, California y Oregón, conociendo diferentes paisajes y conviviendo con personajes en quienes buscaba orientación y respuestas.

Todo apreciado desde la perspectiva existencial de un nómada moderno, sin tribu propia y desdeñando el ADN de su cultura. Terminó su periplo afincándose en Alaska, donde encontró un viejo autobús abandonado, pero en bastante buen estado para servirle de refugio-habitación durante el invierno. Pero como el ignorante animal urbano que era, se quedó sin alimento e intento regresar a la civilización, pero no contaba con la crecida del río que cruzó en otoño con un caudal mínimo. El río le impide regresar y lo obliga a pasar el invierno alimentado solo de frutos salvajes de los que desconocía su toxicidad.
 
Desdeñar esta película me ha valido enfrentar a centenares de incondicionales idealistas que se identifican con esta historia hasta rozar el fanatismo... ¿cómo no hacerlo? ¿Quién no ha soñado con dejar la gran ciudad y volver a vivir de lo que la naturaleza provee? Lo que los fanáticos no sopesan cuando intentan rebatirme, es que para disfrutar de la naturaleza primero hay que domesticarla. Este fue el gran error de McCandless y ya ha inspirado a fanáticos de la película a seguir sus pasos para finalmente —igual que su protagonista— ofrendar lo más preciado que posee una persona (el caso de su desaparecido compatriota Johnatan Croom, de dieciocho años, es el más simbólico).
 
Sean Penn es un cineasta atípico. Para mí, el único riesgo que tomó filmando esta película fue exponerse a ser demandado por decenas de familias, culpándolo por haber inspirado a sus hijos para lanzarse “hacia rutas salvajes” (algo que ya ha sucedido con querellas a grupos de rock con letras satánicas culpados de inducir al suicidio). Además Penn es reconocido por apoyar al movimiento gay. Y aquí es donde se pisa la cola. A diferencia de la icónica escena de Busco mi destino, cuando Peter Fonda bota en la carretera su reloj de pulsera, aquí uno se pasa horas esperando conocer... ¿cuál fue el verdadero motivo que llevo a McCandless a abandonar la sociedad? Si no fuera porque un amigo productor de cine conoce al productor de Into the Wild jamás lo habría sabido: “Christopher McCandless era bipolar y gay pero esto no se podía incluir en el guión” (por eso no encajaba en ninguna parte y decidió huir de lo establecido). Aquí es cuando la ¿integridad? como cineasta de Penn se desvanece, modelando la historia real a la conveniencia de su discurso social y político, con una subjetividad que huele muy mal. Así como no se puede patear un tiro de esquina y cabecearlo, no es conveniente usar la tragedia ajena alterando la realidad. Un cineasta consecuente hubiera pasado a los anales del cine filmando esta historia estremecedora. Después de Into the Wild, Sean Penn seguirá siendo recordado por haber estado casado con... Madonna.
 

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