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EDICIÓN | Noviembre 2013

Emprendedora de alto vuelo

Alejandra Mustakis, empresaria
Emprendedora de alto vuelo
Necesita trabajar porque le parece sanador. A lo mejor no necesita hacerlo, pero lo hace con ganas, con energía y tremendo esfuerzo. Creadora de varias empresas, experta en innovación y fans de los productos chilenos, esta mujer se las trae. Y recién está comenzando. 

por Mónica Stipicic H. / fotografía José Luis Salazar A.

Hija única y heredera del empresario Constantino Mustakis. Casada con Pablo Yarur. Joven, guapísima y madre  de dos niños. Todo  en la vida de Alejandra encajaba para que la fuera la dueña de casa perfecta, la madre abnegada y la socialité más top. Todo menos ella.

Reconocidamente inquieta y busquilla, siempre sintió la necesidad de hacer cosas. Estudió diseño industrial, no porque tuviera un gran talento para el dibujo ni la necesidad de inventar, sino por una búsqueda incesante de ideas, de rodearse de personas creativas y empaparse de ellas. “En esa época nadie hablaba de emprendimiento. De hecho, en la universidad el tema era la empresa en la que soñabas trabajar, no que pudieras crear algo propio”.

Segura de que lo suyo no era diseñar productos, terminó de estudiar, se casó y tuvo a Alonso (12) y Juan Pablo (8), mientras trabajaba decorando casas. “Pero la verdad es que no me gustaba para nada. Sentía que tenía que buscar algún sentido a lo que hacía, encontrar lo que amaba en la vida”, explica.

Fue entonces que la idea de los  muebles infantiles se le metió entre ceja y ceja. Se asoció con el diseñador Pablo  Llanquin  y crearon Medular (www.medular.cl) con la idea de ser “la” empresa de diseño  de  muebles para  niños.  “Después   de   mucho   catetear logré  una  reunión  con  Sodimac   y   conseguí que me aseguraran la compra de quinientas unidades. Ahí empezó la locura; buscar fábrica fue  un  drama,  hablé  con  miles  de  personas y todos me decían que  nadie  compraba  ese tipo de productos. Y al final tenían razón, quedaron preciosos, pero no se vendió nada… por suerte habíamos llegado también a Ripley donde nos encargaron muebles modulares  y con eso nos mantuvimos. Y ese es nuestro fuerte hasta hoy, diseño  a  precios  accesibles, que se distribuye en retail pero también con mucha fuerza en venta  directa  a  través  de nuestro  sitio  web”.

¿Qué lecciones rescataste de ese período?
Conocí el mundo del emprendimiento, y me di cuenta de todo lo que hay alrededor de eso. Conocí mucha gente y distintas visiones. Me topé con personas que no entendían que en Medular diseñáramos los muebles y no los compráramos en China.

Y después apostaste por la tecnología...
Sí, en algunos de esos encuentros de “emprendedores” conocí a Edmundo Casas y Cristián Romero, dos ingenieros que hacían cosas espectaculares. En ese minuto estaban desarrollando un Holovisor, que es un reproductor en 3D, y me fasciné con la idea de que creáramos una empresa. Así nació Kauel, una empresa que con el tiempo se ha ido especializando en productos 3D, interacción y juegos, y que trabaja en Chile y México.
 
“Una de las primeras cosas que te enseñan cuando estudias negocios es que hay que
seguir con tu idea hasta el final. Yo no estoy de acuerdo con eso, creo que hay que ir adaptándose y ser capaz de dar vuelta el manubrio. Estoy convencida de que las empresas necesitan vender y bajar los riesgos, sino no tienen razón de ser. Y para eso el mejor consejo es probar barato; uno se vuelve loco con la ideas y hay que probar la mayor cantidad de cosas, pero bajando los riesgos”, explica.

 
DE INVENTORES A DIRECTORES
 
El día a día de Alejandra se reparte entre mundos muy diferentes. Por un lado, forma parte del Stgo. Maker Space, espacio que reúne a inventores y creativos y, por otro, es directora de la Asociación de Emprendedores de Chile. Esa dicotomía es, quizás, lo que más le atrae de su labor: ser capaz de dialogar y llegar a acuerdo con personas de mundos distintos y necesidades diferentes.
 
“Nunca va a haber innovación si no hay personas de todo tipo... aunque yo mantengo el perfil en todos los lugares... siempre soy la más cuica (se ríe). En el mundo del emprendimiento se trabaja mucho sobre la base de la confianza, los acuerdos se cierran con apretones de mano no con grandes contratos y las cosas se dicen tal como son, no se inflan números ni resultados posibles: esto es lo que hay y lo que puedo ofrecerte. Y desde ahí se construye. Lo que sí es un factor común es la pasión, y a mí lo que más me gusta es rodearme de gente apasionada”.
 
Hace algunas semanas se desarrolló en nuestro país el Festival Internacional de Innovación Social (FIIS), en cuya organización Alejandra participó directamente. En él estuvieron presentes grandes innovadores, como el creador de Wikipedia, Jimmy Wales, y en representación de los chilenos Alejandro Aravena, de Elemental, y Alfredo Zolezzi, ganador del premio Avonni, además de Humberto Maturana, Rodrigo Jordán, la astronauta de la Nasa Yvonne Cagle y decenas de rostros de categoría mundial, junto a shows de artistas de la talla de Fito Páez y Café Tacuba, en una fiesta que duró cuatro días y que congregó a cuarenta y cinco mil personas de manera presencial y más de cien mil vía streaming.
 
¿Por qué hacer un festival?
La idea era mostrar a todos un camino diferente para hacer del mundo el lugar que queremos. Queríamos un espacio lleno de música que nos permitiera llegar a otras personas, salir del círculo de los emprendedores. Soy una convencida de que el emprendimiento es el vehículo para cambiar las cosas, mucho antes que la política, porque aquí las cosas hay que hacerlas aquí y ahora, sin quedarse pegado en grandes análisis. Y cada día hay más muestras de que eso puede pasar.

 
EL FACTOR FAMILIAR
 
Alejandra es hija única —y tardía, pues la tuvo pasado los cincuenta— del empresario de origen griego Constantino Mustakis, involucrado en empresas como Molymet y la Compañía Frutera Sudamericana Chilena, a quien reconoce como su mejor maestro. Y además, está casada con Pablo Yarur, hijo de Amador Yarur, e integrante de una de las más destacadas familias de empresarios de nuestro país.
 
“Tengo claro que nadie esperaba que yo hiciera algo... más bien que me casara y me quedara en la casa”, bromea. Pero lo cierto es que su padre le dio todas las oportunidades para que se atreviera, inventara, se arriesgara y se equivocara: “fue muy sabio en ese sentido. Para mí nunca ha sido una opción no hacer cosas porque siempre lo he visto a él trabajando”.
 
¿Y tu marido, te apoya?
Él es muy arriesgado en su vida personal, practica todo tipo de deportes extremos pero cree que hay que estar loco para emprender... la verdad es que no le quedó otra que apoyarme, pero sé que está chocho con lo que he logrado y que es feliz de verme feliz.
 
¿Nunca te han cuestionado tu estatus privilegiado al momento de atreverte con nuevos negocios?
Es cierto que he tenido muchas oportunidades en la vida y el soporte económico para lanzarme a la piscina y por eso no puedo compararme con esas mujeres que se atreven solas y con cuatro niños que alimentar. Pero así y todo, las mujeres somos las mejores emprendedoras, porque tenemos muchos roles y estamos obligadas a cumplirlos todos bien. Y cada día estamos más empoderadas.
 
¿No te aburre que te digan a cada rato “para qué trabajas si no lo necesitas”...?
Muchos me lo dicen, es cierto, pero soy una convencida de que todos necesitamos trabajar: es sanador. Tengo la suerte de tener socios de lujo en todos mis emprendimientos que me permiten estar en varias partes al mismo tiempo, incluyendo mi casa.
 

“Hay que ir adaptándose y ser capaz de dar vuelta el manubrio. Estoy convencida de que las empresas necesitan vender y bajar los riesgos, sino no tienen razón de ser”.

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