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EDICIÓN | Octubre 2013

Trazos melódicos

Marcela Vicuña, artista visual
Trazos melódicos
Todo es arte en la vida de esta viñamarina que hace solo un mes llegó de Croacia, donde viajó junto a otros artistas y expuso sus pinturas y fotografías. En su casa-taller capitalina en Chicureo, donde hoy vive, matiza su tiempo entre las telas y la música, pues estudia flauta traversa, dando vida
a obras que fusionan lo mejor de ambos mundos.
por Maureen Berger H. / fotografías Vernon Villanueva B. y gentileza de Marcela Vicuña.
A sus orgullosos cincuenta y dos años, se siente viviendo su mejor etapa. Los hijos están grandes, es dueña de su tiempo y lo aprovecha al máximo. Además de haber estudiado diseño gráfico, es una destacada artista visual, que también dedica tiempo a la fotografía y a la flauta traversa, disciplinas que se fusionan en algunas de sus obras. Conversamos de esto y más en un lugar inspirador, el Kaffeklatsch de Reñaca, sentadas en la terraza frente a ese mar que le inspira profundamente y que tantos recuerdos hermosos le evoca.

 
CROACIA Y MUART
 
En Croacia participó junto a otros nueve artistas chilenos en la primera versión de los Juegos Mundiales del Arte y la Cultura o WAG (Word Art Games), un proyecto inclusivo que se pretende hacer cada dos años en distintos países. “El objetivo es la creación de una red internacional de artistas donde se promuevan los ideales de paz y tolerancia, por medio del desarrollo de relaciones amistosas y la presentación del patrimonio cultural”, comenta Marcela, quien asistió acompañada de los artistas visuales Andrés Hermosilla, María Eugenia Akel, Patricia Schuler, Isabel Brinck y Karin Barrera. También viajó la cantante Magdalena Matthey junto a los músicos Sergio “Tilo” González, del grupo Congreso, y el guitarrista Simón González.
 
“Viajar con este grupo fue fantástico, la mayoría de los chilenos que fuimos no nos conocíamos de antes y fue muy enriquecedor vivir juntos esta experiencia. Allá pudimos compartir con artistas de cuarenta países. Durante diez días expusimos en el museo de Umag y en el de Ludbreg, hubo conciertos, performance y street art, recitales de poesía, charlas y conferencias. Muchos de ellos donaron sus obras para participar en nuevas exposiciones en países de la Unión Europea”, acota Marcela, quien expuso dos pinturas, Sonidos de paz y Sonidos de amor y dos fotografías Raíces I y Raíces II. “Fue tan especial exponer en un país que ha sufrido mucho y que ha vivido guerras recientes. Por ejemplo, me emocionó una señora croata que se acercó para felicitarme. Ella me contó que era arqueóloga y reconoció perfectamente el trabajo por capas que aplico en mis obras. Fue muy lindo oír eso de una mujer local”, agrega.
 
Y tal como en el caso anterior, la pintora confiesa que en estos años ha aprendido la importancia de integrar agrupaciones, por eso también es parte de MuArt, Asociación de Mujeres Artistas Visuales, entidad que se dedica a gestionar la organización de variadas muestras. Destaca la exposición Al chocolate en la Liga Chileno Alemana de Cultura, Colores cobre que ya estuvo en salones de CODELCO y en septiembre se exhibió en el Museo Histórico Militar y Colores Violeta, que es un homenaje a Violeta Parra y se expuso en el Hotel Dreams de Punta Arenas. “Creo que para los artistas no todo debe ser comercial, también está el hacer arte, mostrar y llevar las obras a lugares que normalmente no tienen esta posibilidad”.
 
“Junto a MuArt, también pertenezco a la APECH, Asociación de Pintores y Escultores de Chile. Hoy pasados los cincuenta años, me siento muy orgullosa de formar parte de estos grupos importantes, integrados por gente realmente valiosa, es un tremendo honor. Siento que soy privilegiada de poder trabajar en lo que me apasiona”, puntualiza.

 
DE REÑACA A SANTIAGO
 
Marcela egresó del Colegio Saint Dominic, estudió diseño gráfico primero en la Universidad de Valparaíso y finalizó en el Instituto Incacea. Mientras terminaba sus estudios conoció a John Dyer, se casaron y se fueron juntos a Santiago, donde hoy viven y son padres de Christopher, Nicole, Francisca y Sofía.
Fue precisamente en la capital donde la artista visual pudo asentar sus conocimientos, gracias a que desde mediados de los años ochenta tomó cursos con dos tremendas maestras: Matilde Pérez
y Concepción Balmes. Todo ha sido aprendizaje en su trayectoria y luego de buscar un estilo propio encontró su camino: “mis obras son abstractas, para algunos asemejan textiles, pues son tramas entre color y textura, donde empleo técnica mixta, con acrílico, tintas, pigmentos, aguadas, arenas y minerales, que aplico con espátula y brocha. Me gusta pintar sin bastidor ni atril. Luego de preparar la tela y arrugarla, la apoyo en mi mesa de trabajo, en el suelo, la tierra, el pasto, la playa, no me complico. Para los últimos toques cuelgo las telas, que suelen ser bien grandes, y sigo trabajando en ellas”.
 
En fotografía, otras de sus pasiones cotidianas, trabaja algunas obras sin ninguna intervención, donde ama captar transparencias, reflejos, la naturaleza, sus travesías y viajes por el mundo, producto de exposiciones a las que ha sido invitada en el extranjero o por vacaciones. Además, ha incursionado en la intervención digital de sus fotos, jugando con los filtros, contrastes y efectos que derivan en arte digital. “Actualmente, además de continuar con la pintura, estoy trabajando en paralelo mi proyecto de arte digital. Es una nueva serie que he llamado Encuentros, donde “voy creando desde lo creado”, dando vida a nuevas obras a partir de la fusión de mis propias pinturas y las fotografías capturadas bajo mi lente”, acota Marcela.
 

“Creo que para los artistas no todo debe ser comercial, también está el hacer arte, mostrar y llevar las obras a lugares que normalmente no tienen esta posibilidad”.

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