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EDICIÓN | Septiembre 2013

La caída del Halcón Negro (Black Hawk Down)

Por Maximiliano Mills, www.maxmills.com
La caída del Halcón Negro (Black Hawk Down)

La verdad es que las películas de guerra me alejan. Pero no me perdí Apocalipsis ahora de Coppola y otros clásicos con lenguaje de cine universal. Y cuando supe que Ridley Scott era el director de La caída del Halcón Negro no dude en ir a su estreno. Lo bueno de Scott es ser el equivalente inglés a Spielberg en cuanto a tomar riesgos: filma en una nave espacial, después sobre unas mujeres en la carretera para terminar metido en una balacera en África.

Esta película de 2001 se basó en una historia verdadera ocurrida eSomalia en 1993 —del libro homónimo de Mark Bowden narrando una misión de paz de la ONU con soldados de Estados Unidos y anadora de dos Oscar: por mejor sonido y a la mejor edición. Está basada en una operación de las unidades de infantería fuerza Rangers y Delta que fue enviada a Mogadiscio, donde dos helicópteros UH-60 Black Hawk fueron derribados. La acción militar que estaba planificada par un hora, duró s de un a de brutales combates con la guerrilla urbana, con diecinueve estadounidenses fallecidos, setenta y cuatro heridos y s de mil cien somalíes muertos. Jerr Bruckheimer, con su excepcional olfato para adquirir éxitos, compró los derechos y contrató a Ridley Scott como director.

Recuerdqulatomaaéreas iniciales de la ciudad me resultaron conocidas, pero yo nunca había estado en Somalia. Pero mientras los helicópteros s sobrevolaban la ciudad s se acrecentaba la sensación de familiaridad. Como el 2001 era impensable para una producción occidental filmar en Mogadiscio, el diseñador de producción tuvo que reconstruir la ciudad en otro país, rodándose finalmente en las ciudades de Rabat y Salé, ubicadas en Marruecos. Esperando los créditos finales, me entero de este detalle y…¡ahora sí todo encajaba! Yo visité Marruecos en 1995 y pasé bastantes días en Rabat, viviendo en el mismo barrio frente al mar elegido como escenario para la filmación.

De las películas basadas en historias de la vida, esta es quizás una de las s verídicas. La atmósfera de realidad que logra Scott te hace llegar a esquivar las balas dentro del cine, y a interrumpir imaginariamente tu vida plácida, desarrollada en un país que no conoce de guerras hace mas de 124 años para sumergirte dentro de la crudeza que significa estar en territorio enemigo, rodeado de guerrilleros que no solo deben eliminarte, sino que además disparan cada bala con un profundo odio hacia todo lo que tu país representa. Esta misión tiene como objetivo capturar a un grupo de guerrilleros que se roban los cargamentos de alimentos enviados por la ONU. Con ellos capturados, se pretendía usarlos como cupón de canje para negociar el término de la guerra civil. La misión sorpresa no debería dura s de treinta minutos. Cuando las fuerzas están en vuelo las de guerra me alejan. ahora de Coppola y otros universal. Y cuando supe or de La caída del Halcón no.

Lo bueno de Scott es elberg en cuanto a tomar acial, después sobre unas terminar metido en una so detectada po niño que por celular les avisan del ataque a los rebeldes. La guerra urbana es el peor escenario, donde los helicópteros son vulnerables a los francotiradores ubicados desde edificiosFinalmente, e exceso de confianza les pasará la cuenta a los pilotos: cuando uno de los helicópteros termina el desembarco de soldados en la ciudad, recibe un disparo que esquiva, aunque el último soldado en bajar cae desde el helicóptero. Desde aquí todo comienza a empeorar y el espectador es sumergido —casi en tiempo real en una descarnada guerra de guerrillas, donde incluso, pedir refuerzos a un portaviones resulta distante e inútil.

Viviendo esta guerra dentro del cine descubrí el mayor mérito de Scott. Esta película tiene una cadencia narrativa endemoniada, con muchos planos y realidades paralelas que hubieran enloquecido a un montajista promedio. A mitad de la película tuve un pensamiento revelador: si no recibe un premio Oscar a la mejor edición jamás volveré a pagar por algo hecho en Hollywood. Meses después, mirando en TV la premiación de la academia, ¡no podía creer que mi vaticinio se había concretado! “Oscar a la mejor edición: La caída del Halcón Negro”. Fue una confirmación. Decir, ¡uhm!, parece que tengo apreciación técnica para el cine. Deseo que ustedes también alcancen este grado de sensibilidad cada vez que sean bendecidos por un trabajo de edición realizado artesanalmente, pero con una perfección que sublima.

 

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